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Zodiaco y mitología (9): Sagitario


Posiblemente Quirón es el centauro más famoso. 

Hijo del titán Crono y la ninfa Fílila -hija de Océano y Tetis-, su padre lo engendró teniendo él forma de caballo, pues su amada había pedido a Zeus que la convirtiera en yegua para huir del titán, lo que explicaría que este personaje mitológico fuera mitad caballo y mitad hombre (torso, brazos y cabeza humanos). No fue el inicio de su infancia de los más alegres, pues su madre, horrorizada al ver el aspecto de su hijo, lo abandonó, tras suplicarle de nuevo a Zeus que la transformara en un tilo. 

Quirón y Aquiles

Quirón creció cuidado por Apolo, aprendiendo sobre todo medicina, cirugía (de ahí el término castellano quirófano), caza, remedios contra el dolor y cómo acompañar a los más débiles en el difícil paso hacia la muerte. Famoso por su sabiduría, fue maestro de Jasón, Peleo, Cástor, Pólux, Aquiles y muchos más. 

Pasado el tiempo, el héroe Hércules le hiere por accidente con una flecha envenenada por la Hidra; presa de terribles sufrimientos, le cedió su inmortalidad a Prometeo, para así no sufrir el tormento de su herida incurable y poder morir para acabar con él. Tras esto, fue ascendido al cielo como la constelación de Sagitario, representado en el momento de disparar una flecha con su arco. 

Aunque los centauros son personajes conocidos de la mitología griega, no parece que realmente conocieran el uso del arco y de las flechas, pues su entorno es más natural: bosques de hoja caduca, lagos, praderas, etc, por lo que usaban para la caza -siempre con motivo de poder sobrevivir, nunca como entretenimiento- piedras y troncos de árbol. Conocidos por su amor a la Naturaleza, plantaban árboles y cuidaban y protegían a otros animales de su entorno. 

La Literatura juvenil y el cine nos han acercado recientemente la figura de Quirón, a través de los libros de la saga de Percy Jackson: Quirón (el actor Pierce Brosnan) es el director del Campamento Mestizo, aunque en la vida mortal es el profesor de Latín de Percy, acudiendo a clase tapado y en silla de ruedas para ocultar su verdadera identidad.

En Astronomía se conoce como "centauros" a los cuerpos menores del Sistema Solar que actúan como asteroides y cometas, orbitando alrededor del Sol, entre Júpiter y Neptuno.
  • Ficha astronómica de la constelación de Sagitario, aquí.

El escudo de España y sus leyendas.


El actual escudo de España no tiene sólo una larga evolución histórica desde tiempos de los Reyes Católicos, sino que también encierra algunas historias legendarias.

Así, el mismísimo Hércules tendría que ver con las dos columnas que lo flanquean, coronadas por una corona monárquica y otra imperial, ya que cuando iba camino de Tartessos para cumplir la misión de robar los bueyes al rey Gerión, dejó constancia de su paso, colocando una a cada lado de lo que es el estrecho de Gibraltar.

Cuentan, además, que Wifredo el Velloso, noble pirenaico al servicio del emperador franco Luis el Piadoso, y conde de algunos territorios fronterizos de la Marca Hispánica, destacó en batalla contra la invasión normanda del Imperio Franco. Herido, pidió al emperador que le diera unas armas que llevar con honor en su escudo; este hundió su mano derecha en la herida de Wifredo y pasó después cuatro dedos por el escudo de oro de su vasallo. Serían las barras de la bandera del posterior Reino de Aragón.

Además, dicen que el rey navarro Sancho VII -apodado El Fuerte por su inmensa estatura- participó valientemente en la batalla de las Navas de Tolosa (julio de 1212). Con una maza rompió él solo las cadenas que ataban a los soldados negros que protegían el campamento musulmás, llevándoselas como botín y pasando a convertirse en el símbolo del Reino de Navarra.

Vídeo: Hércules (1): el León de Nemea

Un nuevo vídeo sobre las aventuras de Hércules: pinchando aquí, la primera aventura: con el León de Nemea.

O míralo aquí:
Las aventuras de Hércules: (1) el León de Nemea on PhotoPeach

El origen mítico de los JJ. Olímpicos

Hércules recibió la orden de limpiar los establos del rey Augías, hijo del Sol, en un solo día. Tarea que no iba a costarle mucho esfuerzo al héroe, tras desviar dos ríos hacia los rediles. Cuando regresó ante el rey para cobrar sus honorarios por el trabajo, este se negó a dárselos e incluso mintió al decir que no le había encomendado esa tarea. Ante un tribunal posterior, el príncipe Fileo testificó a favor de Hércules. Como castigo, Augías mandó al exilio al héroe y a su hijo.

Semejante afrenta no se le podía olvidar a Hércules. Cuando, tiempo después, regresó a la Élide, donde reinaba Augías, se dispuso a atacarle. El rey envió contra él a los Molíones -terribles soldados formados por dos hombres unidos en uno solo por la cintura hijos de Poseidón-, que derrotaron a Hércules.

No satisfecho con la derrota, humillante para él, decidió tenderles una emboscada de la que salió victorioso. Libre de obstáculos, tomó la ciudad de la Élide, mató al rey y a todos sus hijos, excepto a Fileo. En agradecimiento por su apoyo anterior, le dio la corona de la ciudad conquistada y fundó en festival y los Juegos Olímpicos, que tendrían lugar en la Élide cada cuatro años.

El origen de la Vía Láctea

El bebé Hércules fue amamantado por Hera, aunque accidentalmente -ya se sabe que la diosa le odiaba por celos, pues era uno de los hijos que Zeus había tenido con una de sus amantes. Así, cuentan que Hermes llevó al bebé al Olimpo y lo colocó sobre el pecho de la gran diosa mientras ella dormía y cuando despertó, lo apartó tan violentamente que un poco de leche cayó de su pecho, creando la Vía Láctea...

¿Qué es la diarquía?

El rey espartano Aristodemo, descendiente de Hilo, hijo de Heracles, murió muy poco después del nacimiento de sus hijos gemelos Procles y Eurístenes. Se decidió entonces que los hermanos reinaran juntos en Esparta, ya que era imposible distinguirlos y no se sabía cuál de ellos era el mayor. Y, además, se casaron con hermanas gemelas...

Por eso, dicen, Esparta tuvo una forma de gobierno especial: la diarquía, una monarquía dual vitalicia y hereditaria (heredando el hijo mayor nacido durante el reinado del padre). Los dos reyes eran sacerdotes de Zeus, jefes militares permanentes (podían salir en campaña juntos o separados) y miembros del Consejo de Ancianos -con función legislativa. El pueblo espartano se reservaba el derecho de deponerlos si era una necesidad para el bien de la comunidad y su poder se vio limitado por los magistrados éforos de la ciudad a partir del s. VII a.C.
  • La organización política de Esparta, aquí o aquí.
  • Clases sociales en Esparta, aquí.
  • Organización política de Atenas, la eterna enemiga de Esparta, aquí.

La túnica de Neso.

Neso había engañado a Deyanira, la esposa de Hércules. Pero ella nunca fue consciente hasta el último y fatal instante.

Por eso, cuando hizo lo que el centauro le decía (guardar su sangre como poción amorosa para usar con su marido), no se dio cuenta de que el centauro moría herido por las flechas envenenadas del héroe, mezcladas con el veneno de la Hidra...

Por eso no dudó en usar la poción cuando oyó que Hércules estaba enamorado de su prisionera Yole. Y cuando Licas fue a pedirle la túnica ceremonial del héroe, a fin de poder estar presentable en el sacrificio que iba a dedicar al divino Zeus, vertió la poción en la ropa de su marido...

Por eso creyó en Neso, pero se dio cuenta de su tremendo error cuando Heracles se puso su túnica, cerca del fuego sacrificial. Al contacto con el calor, el veneno comenzó a hacer efecto y la ropa empezó a arder, provocándole un dolor insoportable, pegándose a su piel sin posibilidad de despegarla. Y, convencido de que sólo la muerte podía librarle de semejante sufrimiento, preparó su propia pira funeraria, que fue encendida por Filoctetes -el cual, en premio por su valor, recibió el arco y flechas de Hércules, usándolas después en la Guerra de Troya...

Por eso aquella túnica maldita fue llamada la túnica de Neso...

  • También es el nombre de un blog histórico, aquí.

La historia de Prometeo.

Prometeo era hijo del Titán Eurimedonte -o de Jápeto, según algunos- y de la ninfa Clímene. Fue, sin duda, el más sabio de su raza y desde el principio tuvo bien claro que Zeus se convertiría pronto -por las buenas o por las malas- en el padre de los dioses; además, contó con buenos maestros entre las divinidades, pues Atenea le enseñó matemáticas, arquitectura, astronomía, medicina y otras cosas útiles que luego él enseñó a la humanidad.

Pero no contaba con que Zeus estaba empeñado, a esas alturas, con acabar con los molestos humanos. Si no lo había hecho a esas alturas era porque Prometeo le insistía una y otra vez para que los mantuviera con vida; y, por si fuera poco, no hacía más que enseñarles cosas, como a hacer casas de ladrillo y madera, domesticar animales, navegar, los números y las letras o técnicas de minería. De hecho, tantas eran las bondades que daba Prometeo a los hombres que algunos le consideran incluso el creador de la humanidad.

Prometeo, sin embargo, se ganó la enemistad de Zeus rápidamente. Y acabó siendo castigado. Y ya se sabe que los castigos de los dioses son terribles. Dicen que robó a Zeus el fuego para dárselo a los hombres, encendiendo una antorcha en el carro del sol, otros, que conocía el nombre del hijo de Zeus que sería más fuerte y poderoso de su padre. Fuera como fuese, el castigo fue tremendo: Prometeo fue encadenado por Hefesto a la cordillera del Cáucaso, donde un águila comía su hígado de día, que se regeneraba por la noche.

Sin embargo, Hércules logró rescatarlo, pues consiguió matar al animal...

  • Más sobre los titanes y Prometeo, aquí.

Las aventuras de Hércules (13): capturar a Cerbero.

Para su último trabajo Hércules necesitó la ayuda de Hermes: tenía que capturar al Can Cerbero, bajando al mundo de ultratumba. La tarea parecía imposble, ya que los reyes del inframundo habían establecido que no se le pudiera capturar con las manos. El monstruo, además, tenía una cola de serpiente y tres cabeza de perro que siempre estaban alerta.

El dios Hermes le escoltó durante la travesía del Estigia y le presentó a Hades, rey de los muertos. Hércules le explicó su situación y se le permitió llevárselo en préstamo si era capaz de cumplir el hechizo: capturar al perro sin las manos y sin armas, ya que lo necesitaba vivo al otro lado de la puerta de su reino.

Hércules -que ya estaba un poquito harto de trabajos, admitámoslo-, se quitó la piel del león de Nemea que le cubría y se la lanzó a Cerbero. Usando su portentosa fuerza, estrechó con ella al animal y se lo llevó a Tirinto. Cuando el rey Euristeo lo vio -dicen que le produjo tanto terror que escondió su real figura en una tinaja-, lo devolvió de nuevo al reino de los muertos.

El héroe había cumplido las pruebas que se le habían impuesto: su culpa estaba ya borrada, de forma que se alejó del reino de Euristeo para vivir otras aventuras... Incluso llegó a casarse con Deyanira y reconciliarse con la diosa Hera, como puedes leer aquí.

Las aventuras de Hércules (12): las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.

El rey Euristeo consideró que Hércules no sería capaz de superar la penúltima prueba: traerle unas manzanas del Jardín de las Hespérides.

El héroe supo inmediatamente que esta vez había un gran riesgo, ya que esos frutos procedían de unos árboles de la mismísima diosa Hera; pero tenía una posibilidad, ya que el Jardín se encontraba en las faldas del monte Atlas, según pudo saber tras interrogar de malos modos a Nereo, de forma que en caso de apuro podría pedirle ayuda al titán. Pero claro, había que hacerlo con astucia, ya que Atlas estaba castigado a sostener el mundo sobre sus hombros como castigo por su traición a Zeus.

Cuando estuvo ante Atlas le convenció simulando tener lástima de él y de su tremendo castigo; Hércules se ofreció a sostener un poco el Universo si a cambio el Titán iba hasta el Jardín y le traía las manzanas. Así lo hizo Atlas, pero pronto se dio cuenta Hércules de que no parecía muy dispuesto a retomar de nuevo su puesto en el castigo.

Hércules, que además de ser un poco bruto, era también muy astuto -por eso es de la raza de los héroes-, engañó de nuevo a Atlas, diciendo que el Mundo no estaba bien equilibrado sobre sus hombros y que le ayudara a colocarlo mejor. Cuando Atlas se acercó a él para ayudarlo, Hércules aprovechó para pasarle el peso y dejarlo clavado allí, alejándose rápidamente de vuelta al palacio de Euristeo.

Sobre las Hespérides, pincha aquí.



El Jardín de las Hespérides.

En el mundo griego había unas jardineras especiales: las Hespérides, hijas de Eris (la Discordia) y descendientes de la antigua Noche -una divinidad ante la que incluso el mismo Zeus sentía respeto y temor. Nos ha llegado el nombre de tres de ellas: Heperie (la Tarde), Eritia (el cielo rojo al Atardecer) y Egle (la Claridad del día), aunque algunos dicen que eran hasta 7.

Eran estas tres bellas divinidades ninfas que vivían vigilando el Jardín de los dioses, que se encontraba en un lejano lugar al oeste, cerca de la puesta del sol. En ese hermoso lugar la diosa Hera había mandado plantar unos maravillosos árboles que daban como fruto manzanas doradas -un regalo que había recibido de la diosa Gea con motivo de su boda. Las Hespérides, además, no estaba solas, sino que vivían con ellas en el jardín la terrible serpiente (o dragón de cien cabezas) Ladón, hija de Forcis y Ceto, que se subía a los árboles y se enrrollaba en sus troncos, a fin de evitar que nadie, incluso las mismas ninfas, pudieran tocar una sola de las manzanas.

Sólo una persona pudo robar las manzanas: el héroe Hércules...

Las aventuras de Hércules (11): los bueyes del rey Gerión.

El siguiente encargo fue viajar hasta Gades para robar los bueyes del rey Gerión de Tartessos. Este personaje era un monstruo, con sus tres cuerpos que compartían cintura. Para ir hacia allá, Hércules le pidió prestada a Helio la barquita de oro que usaba cada noche para volver a su palacio de Oriente -aunque algunos dicen que tenía tanto calor que amenazó al propio dios con sus flechas-; cuando pasó por el estrecho que separa la península ibérica de África plantó una columna a cada lado (el monte Abile, en Ceuta, y el peñón de Gibraltar), para que todos supieran que había pasado por allí.

Cuando llegó a las tierras de Gerión, se dio cuenta de que el rey encargaba al pastor Euritión y al perro de dos cabezas Orto -hermano de Cerbero- la vigilancia de sus bueyes mientras pastaban. Así que lo primero era burlar la vigilancia, de forma que el héroe mató con una flecha al perro y con otra al hombre -o, tal vez, los derribó a ambos de un formidable golpe de su maza-. Cuando ya estaba llevádonse los bueyes apareció Gerión y comenzó a perseguirlo.

Sin embargo, el monstruoso rey no contaba con la astucia de Hércules, que logró esconderse tras una roca. Cuando Gerión pasó por allí, le disparó una flecha que hirió y mató a la vez a los tres cuerpo.

Seguido por los bueyes, se dirigió de nuevo hacia Grecia.

  • El dios Helios también tenía un rebaño: pincha aquí.
  • Un resumen de las aventuras de Hércules, aquí.
  • Y también lleva el nombre de Hércules otra torre: pincha aquí.

Las aventuras de Hércules (10): el cinturón de Hipólita.

De nuevo el rey Euristeo puso a prueba a Hércules, encargándole un nuevo trabajo: conseguir el cinturón mágico de Hipólita, reina de las amazonas; el cinturón de oro era un regalo del dios Ares a su reina -según contaban, Hipólita era hija del dios de la guerra. La princesa Admeta, hija de Euristeo, se había encaprichado con el adorno.

En esta ocasión, entonces, el héroe tuvo que desplazarse hasta las orillas del Mar Negro, donde vivían estas terribles mujeres.

Cuando llegó, Hipólita le ofreció su cinturón como signo de su admiración, ya que se había enamorado del griego; todo parecía resuelto. Pero hete aquí que Hera, pendiente de las aventuras de Hércules y poco dispuesta a que las cosas le salieran tan fáciles, se disfrazó de amazona e hizo correr el rumor de que su verdadera intención era secuestrar a la reina.

Alarmadas, echaron mano a sus armas -tampoco había que convencerlas mucho para luchar- y Hércules se vio obligado a defenderse, matando en combate a Hipólita. Tomó al fin el cinturón y partió hacia su regreso.

  • Un resumen de todos los trabajos de Hércules, aquí.
  • Más sobre las amazonas, aquí.
  • ¿Sabías que Hércules fue capaz de desviar el curso de dos ríos para cumplir uno de los trabajos del rey Euristeo? Pincha aquí.

Las aventuras de Hércules (9): las yeguas de Diomedes.

Después de capturar al toro de Creta y llevárselo al rey Euristeo, Hércules se marchó a la lejana Tracia, donde gobernaba el cruel Diomedes. Este rey era un bravísimo guerrero, pero salvaje, cruel y terrible, ya que alimentaba a sus yeguas salvajes con la carne de las personas a las que vencía en las batallas. Claro, el problema era cuando no estaba en guerra, como ahora, y había encontrado la solución: había mandado a sus guardias que mataran a los huéspedes de su palacio.

Y su siguiente trabajo, precisamente, era conseguir domar a estos animales y llevarlas a Tirinto. Esta misión no gustó especialmente a Hércules, de forma que intentó quitársela de encima cuanto antes; así que la primera noche durmió levemente, sujetando la espada firmemente, por si acaso.

Un poquito antes del amanecer se dirigió a los establos, no sin antes golpear a todos los guardias que fue encontrando, tan rápido y fuerte que ni les dio tiempo a despertarse de su duermevela. Cuando estuvo ante las yeguas comprobó que eran cuatro, fuertes y temibles, atadas con fuertes cadenas a unos ganchos que había en un soporte. Usando un hacha que encontró las liberó y salieron galopando, despertando con su ruído a todo el palacio.

El héroe huyó dirigiendo las yeguas hacia un cerro rodeado de agua por tres lados. Hércules abrió un canal son su poderosa fuerza; logró frenar a los enemigos que le perseguían, con el rey a la cabeza, al cual hirió mortalmente -y dio su cuerpo a comer a las yeguas, a fin de aplicar su hambre. Una vez con el estómago lleno, los animales se volvieron suficientemente dóciles como para que Hércules les atara las quijadas, las metiera en su nave y volviera a Tirinto.

Las aventuras de Hércules (8): el toro de Creta.


Un día el rey Minos, hijo de Zeus y Europa, prometió al dios Poseidón que le sacrificaría lo que saliera del mar, de forma que el el dios hizo aparecer un toro, un fantástico animal enorme y gigantesco que echaba fuego por las fauces. Pero Minos lo encontró tan hermoso que lo introdujo en sus rebaños.

Esto Poseidón no lo podía consentir: era una acción que merecía un castigo ejemplar, de forma que hizo que la reina Pasifae, la bellísima esposa de Minos e hija del dios Helios, se enamorara del animal y tuviera con él un hijo, el monstruo Minotauro. Después hizo enloquecer al toro.

El rey Euristeo decidió que la siguiente prueba para Hércules sería algo relacionado con este toro: ir a Creta, donde estaba provocando estragos en las cosechas y entre los campesinos, capturarlo vivo y llevarlo ante él.

El héroe no dudó en marchar hacia allí, convencido además de que este trabajo no le daría ningún problema, ya que el animal no tenía poderes mágicos y le bastaría su descomunal fuerza para vencerlo. Cuando llegó, Minos le ofreció -por supuesto- toda la ayuda que necesitara.

Cuando Hércules se encontró con el toro lo agarró de los cuernos y se lo echó a los hombros, conduciéndolo por el mar Egeo hasta la corte de Euristeo, en Micenas. El rey, cuando lo vio, se lo ofreció a la diosa Hera, pero la diosa, al ver la ferocidad del animal y que había tenido algo que ver con Hércules -y la diosa seguía odiándolo-, rechazó el regalo.

Euristeo puso imprudentemente al toro en libertad, que acabó atravesando el istmo de Corinto, hasta que finalmente el héroe Teseo le dio muerte en la llanura de Maratón.

  • Si quieres saber de personajes mitológicos griegos, pincha aquí.
  • Un resumen de los trabajos de Hércules, aquí.
  • Las aventuras de Teseo, aquí.
  • El rey Minos tiene que ver con la historia de Grecia: la civilización minoica, pincha aquí.
  • Sobre la vida del rey Minos, aquí y su relación con el Minotauro, aquí.
  • Y si quieres leer una novela muy interesante sobre el minotauro, pero ambientada en el mundo digital, visita aquí.

Las aventuras de Hércules (7): las aves de Estínfalo

Las orillas del lago Estínfalo, a los pies del monte Cilene, eran un lugar perfecto para las enormes bandadas de aves de la zona...

Por eso este fue el siguiente trabajo que se le encargó a Hércules. No parecía que fueran a ser muy problemáticas para el héroe, ya que se asemejaban a enormes gansos, con cuerpos cortos, patas y pico de bronce y cuellos muy largos... y él conocía la zona porque había nacido allí. Estas aves, sin embargo, se defendían tirando a su antojo sus plumas metálicas sobre los que pasaban por allí, devorando luego su cuerpo; y esto sólo lo hacían... si percibían que la persona no estaba armada, pues si era al contrario, huían.

Cuando llegó allí no supo por dónde empezar, ya que de forma sigilosa no lograba acercarse, pues el terreno era muy blando y se hundía. Pero, afortunadamente, los dioses olímpicos siempre andaban cerca. Sucedió que la diosa Atenea llegó al lugar estando allí el héroe, y este le contó su problema. Es bien sabido que a Atenea le gusta meterse en las historias de los grandes hombres griegos, de forma que le regaló unas castañuelas de bronce hechas por Hefesto, para que hiciera ruído.

Hércules no sabía si aquello iba a funcionar, pero por si acaso se subió al monte y cuando desde lo alto tenía todo el lago a sus pies, empezó a tocar el instrumento. El ruído semejaba una selva ardiendo; los pájaros, espantados, se dirigieron a toda prisa hacia él, emitiendo agudos gritos. El héroe se defendió abatiendo a algunas de las aves con sus flechas, pero la mayoría de las aves no regresó al lago -algunas, de hecho, fueron vistas por los argonautas en el Mar Negro.



Las aventuras de Hércules (6): el jabalí de Eramanto.

Euristeo no pudo más que sorprenderse cuando Hércules le llevó a la cierva de Cerinia, la de su tercer trabajo. Enseguida le presentó el que iba a ser su cuarto trabajo: capturar vivo al jabalí de Eramanto, animal monstruoso y feroz que estaba aterrorizando a los habitantes de Arcadia; sus colmillos eran tan grandes como el brazo de un hombre y no conocía el miedo.

A la mañana siguiente Hércules se puso en camino. Sólo hizo una parada para visitar a su amigo el centauro Folo, hijo de Sileno y de una ninfa de los fresnos; Folo era un ser hospitalario, hasta el punto que le ofreció al héroe distintos tipos de carne cocinada -los centauros comen carne cruda- y le permitió beber de su jarra de vino, regalo de Dionisos.

Pronto empezaron los problemas, ya que al olor del vino los centauros se enfurecieron y se armaron con peñascos y árboles; Hércules se defendió y les lanzó flechas envenenadas con la sangre de la Hidra, de forma que en la lucha muchos murieron o huyeron. Folo se hirió accidentalmente con una de las flechas, al ocgerla, sorprendido de que algo tan pequeño pudiera matar a seres tan formidables como los centauros. El héroe enterró a su amigo al pie del monte que toma su nombre, el Foloe y después continuó con el trabajo encomendado.

No fue necesario preguntar por el animal, puesto que había nevado y sus huellas se veían claramente sobre la nieve. Pronto lo encontró, semienterrado, de forma que lo rodeó y lo espantó son un tremendo grito. El animal, presa del pánico, huyó hacia su madriguera, pero quedó atrapado por un montón de nieve. Hércules lo inmovilizó con su red y lo ató fuertemente; luego se lo echó a los hombros y emprendió el camino de vuelta.

Pinchando aquí podrás saber algo más sobre los doce trabajos de Hércules.

Las aventuras de Hércules (5): la cierva de Cerinia

Tras terminar con éxito el segundo trabajo que el rey Euristeo le había encomendado, Hércules se enfrentó a la tercera tarea, donde tuvo que poner a prueba su habilidad como cazador: capturar viva a la cierva de cerinia y llevarla ante el rey.

La cierva tenía una hermosa cornamenta de oro -y las dos cosas son excepcionales- y pezuñas de bronce; la diosa Ártemis necesitaba cinco como ella para su carro y esta era la única que se le había escapado, refugiándose en las colinas de la región de Arcadia.

Hércules la persiguió sin descanso durante un año entero y el animal no parecía cansarse. Hasta que llegó la primavera, cuando la cierva empezó a dar muestras de estar exhausta -algunas versiones dicen que esto ocurrió en la país de los Hiperbóreos, en la actual isla de Gran Bretaña. El héroe aprovechó entonces para cumplir su misión, ya que para él la persecución había sido como un paseo.

Una versión cuenta que encontró a la cierva bebiendo y la inmovilizó con una flecha que atravesó sus patas delanteras, entre el tendón y el hueso, sin derramar sangre. Otras leyendas dicen que el animal estaba durmiendo y Hércules le echó por encima su red. Sea como sea, la diosa Ártemis se enfadó muchísimo, hasta que se enteró de la misión que le había encomendado Euristeo al héroe y dio el visto bueno: podía llevarse a la cierva, pero en cuanto el rey la hubiera visto, debía ser puesta en libertad.

Aquí y aquí podrás leer un resumen de todos los trabajos de Hércules.
Y este héroe también está en dibujos.


Las aventuras de Hércules (4): la hidra de Lerna

Lerna, a pocos kilómetros de Argos, era un lugar desolado y lleno de pantanos. Aquí vivía la Hidra, un monstruo de nueve cabezas de serpiente que mataba a todo el que pasaba cerca, sin dejar opción a la defensa: se decía que cuando una de sus cabezas era cortada, al instante crecía otra en el mismo sitio, de forma que la Hidra era muy poderosa. Además, una de sus cabezas era inmortal.

El rey Euristeo envió a Hércules a su segunda aventura: matar al monstruo. Allá fue el héroe, vestido con la piel del león de Nemea y montado en un carro que guiaba Iolao. Para obligar a la Hidra a salir de su madriguera empezó a lanzar flechas incendiarias al pantano, hasta que apareció con toda su maldad.

Hércules golpeó una y otra vez, sin descanso, viendo con horror -bueno, con poco horror, porque para eso era un héroe- cómo una vez y otra crecían sin parar las cabezas que él arrancaba con su espada. Y ya sabemos que a los dioses griegos les gusta jugar con los héroes; de esta forma, Hera, que llevaba tiempo deseando vengarse de Hércules, encontró la ocasión: hizo salir de las ciénagas dos enormes cangrejos gigantes suyas pinzas se cerraron alrededor de los tobillos de Hércules -que logró, con su inhumana fuerza, liberarse y aplastarles el caparazón.

El héroe empezó a cansarse, de forma que acudió Iolao en su ayuda con una antorcha: cada vez que Hércules arrancaba con su espada una de las cabezas de Hidra, su amigo quemaba el muñón para evitar que volviera a crecer otra. Finalmente, Hércules cercenó la cabeza inmortal (como él mismo era de la sangre de los dioses, tenía ese poder); luego mojó la punta de sus flechas en la sangre de la Hidra, a fin de darles más poder mortífero.