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Crea imágenes interactivas con Thinglink

Una herramienta que me gusta mucho y a la que le veo bastantes utilidades es la que nos ofrece Thinglink. Se trata de una herramienta web, con app paralela, que permite convertir una imagen en un espacio interactivo, pudiendo añadir vídeos, etiquetas, audios, textos, fotos o la combinación de texto, foto y audio; además, sus posibilidades descriptivas nos facilitan realizar paisajes de aprendizaje, presentaciones, descripciones y explicaciones animadas: ejes cronológicos, explicaciones de obras artísticas, recopilatorio de marcadores, explicación de mapas mentales, etc. Podéis ver algunos ejemplos en este enlace. La interfaz permite usar los iconos de la web, en distintos colores, o subir los nuestros.

En los siguientes enlaces podéis ver un tutorial, aunque la interfaz actual está mejorada: Tutorial de Thinglink y en Tutorial de Thinglink (2). Un completísimo tutorial hecho por Alfredo García (@Algargos), aquí.

Os dejo aquí algunos ejemplos hechos por mí: 

- Los descubrimientos portugueses de la Edad Moderna: 


- La creación de Adán (para clase de Religión de 1º de ESO):
 


- Las partes principales de un templo católico (para clase de Religión de 2º de ESO):

 


  • Página web de Thinglink, aquí.

Juana de Austria: infanta, reina y jesuita

Fue la quinta hija del emperador Carlos I de España e Isabel de Portugal. Bisnieta de los Reyes Católicos y de los emperadores alemanes. Nieta de los reyes de Portugal. Madre del rey de Portugal Sebastián I y reina del país vecino. 

Juana de Austria (24 de junio de 1535- 7 de septiembre de 1573) estaba en primera línea de la más profunda nobleza peninsular y, por extensión, de media Europa. La esperanza de vida de la época y el nacimiento de su hermano pequeño, Juan, que acabó con la vida de su madre, hizo que, finalmente, de los seis hermanos solos sobrevivieran tres: ella misma, su hermano, el futuro Felipe II, y María, futura reina de Hungría.

De acuerdo con la tradición educativa inaugurada ya por su bisabuela Isabel de Castilla -La Católica-, estudia en la Corte y ya siendo bien pequeña habla con fluidez latín y conocía diversas artes, como la música, y se crió en un ambiente austero, aunque fuera dentro de la Corte. Su relación con sus hermanos, sobre todo con Felipe, fue muy estrecha y de mucha confianza (a pesar de que su padre, el emperador, no estaba de acuerdo con que su único hijo varón viviera rodeado de mujeres y procurara no tenerle demasiado cerca de sus hermanas).

Fue casada con su primo, el infante heredero de Portugal, Juan Manuel, con 16 años. La boda fue por poderes, pero cuentan que entre ellos pronto nació un gran cariño y su relación se basó en el respeto mutuo. En paralelo, su hermano Felipe se casaba con otra infanta portuguesa, María Manuela: la tradición iniciada por los Reyes Católicos de establecer fuertes lazos matrimoniales entre las casas reales peninsulares se mantenía generaciones después... Esta relación estrecha con el país vecino acabaría por tener como consecuencia que, años después, por un vacío de poder, Felipe II sacara a relucir sus derechos dinásticos sobre el trono portugués. 

Quedando posteriormente viuda, tras solo dos años de matrimonio, Juana es obligada a abandonar Portugal, dejando allí a su hijo: su hermano Felipe, ya rey, debía marchar a Inglaterra para contraer matrimonio con la reina María Tudor, pues también se había quedado viudo, y solicitaba a su hermana como gobernadora de los reinos castellanos. Juana no volvería a ver su hijo, que por aquel entonces era solo un bebé, quedando al cuidado de su abuela portuguesa, Catalina de Austria (que era, además, tía y suegra de Juana).



Su labor como gobernadora y regente, en ausencia de Felipe II, fue muy notable, teniendo sobre todo que hacer frente a graves dificultades económicas, ayudada por un cuerpo de consejeros, muchos de ellos de origen portugués. La deuda económica y la bancarrota provocaron que unos trescientos mil españoles se marcharan a América a buscar nuevas oportunidades. También fue un quebradero de cabeza para ella el foco luterano que se desarrolló en Valladolid y Segovia y contra el que actuó, a petición de su propio padre. 

Al mismo tiempo, mantuvo durante toda su vida una gran correspondencia con su hijo Sebastián y cuidó de su sobrino Carlos, hijo de Felipe II y de María Manuela, procurándole una esmerada educación. Actuó también como mecenas: retratos reales, joyas, miniaturas, instrumentos musicales,...


Cuando Felipe II regresó de Inglaterra, Juana abandonó la regencia en 1559 y no volvió a ocupar cargos políticos, aunque se mantuvo viviendo en el Alcázar, cerca de su hermano y de su sobrino. Junto con la tercera esposa de su hermano, la francesa Isabel de Valois, actuó como dama de compañía y amiga (a la muerte de esta se encargó del cuidado y educación de sus dos hijas) y con ella acudía a la Eucaristía, presidía obras de caridad y visitaba conventos: la faceta religiosa de Juana de Austria es bien conocida y, como en el caso de su hermano, formó parte esencial de su vida cotidiana. Fue la fundadora del Colegio de san Agustín de Alcalá de Henares y del convento de las Descalzas Reales de Madrid, donde ella pasó mucho tiempo en retiro espiritual.

Una faceta muy llamativa de su vida fue su íntima relación con la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola en 1534: su confesor particular era el noble jesuita Francisco de Borja y pidió ser aceptada como jesuita en la nueva orden religiosa durante el periodo en el que fue regente, a pesar de la negativa de Ignacio a aceptar mujeres en su orden. La presión de su apellido y su nivel de poder hizo difícil que su petición fuera rechazada, de manera que, finalmente, fue aceptada bajo el nombre secreto de Mateo Sánchez, con los votos de pobreza, castidad y obediencia. 

Su lealtad a la orden jesuítica fue enorme, aunque públicamente no pudo mostrar su rango de jesuita -la única que ha habido en la orden en toda su historia-, y apoyó a los jesuitas frente a los ataques de la Inquisición, ante el Papado, en su establecimiento en Flandes y en la creación de los colegios de Valladolid y Lovaina.

Un grave tumor acabó finalmente con su vida, siendo enterrada en el convento de las Descalzas Reales. 

  • Sobre la vida de Juana de Austria, aquí y aquí.
  • Un comentario de la infanta como única jesuita, aquí
  • Un importante retrato suyo se encuentra en el Museo del Prado de Madrid. Su ficha técnica, aquí. 


¿Has visto La joven de la perla?

Hace unos días pude ver la película de Peter Webber La joven de la perla (2003). La historia recupera la figura del pintor holandés barroco Vermeer (Colin Firth), cuando en 1665 pasa a vivir en su casa como sirvienta una joven (Scarlett Johansson), a la que descubre dotada de sensibilidad para la pintura y la captación de los colores y la cálida luz que el artista intenta plasmar en sus obras. Para los amantes de la pintura, la película hace diversos guiños a algunos de los cuadros más conocidos del pintor, siendo el retrato Joven con perla (1665-66) su objetivo final.

No es la primera vez que desde el mundo del arte y de la publicidad se recurre a la obra de Vermeer; pensemos en un anuncio de postres lácteos que se pudo ver en las calles de Madrid hace unos años, y que hacía referencia clarísima al cuadro costumbrista e intimista La lechera (1657-58), sobre el cual hablé en este blog en su momento (pincha aquí para poder leer la entrada sobre esta pintura). 

Algo debe de tener el  holandés Johannes Vermeer (Delft, 1632- 1675) para que cuatrocientos años después recurramos a algunas de sus obras emblemáticas en algo tan cotidiano como comer o el ocio..., teniendo en cuenta de que en vida no fue un pintor famoso ni su obra pictórica es demasiado extensa (unos cuarenta cuadros, de los cuales sólo dos están fechados y dieciséis firmados). Su familia era bastante humilde, pues su abuelo había sido relojero y su padre se dedicaba a los tejidos, formando parte del gremio de comerciantes de su ciudad; la situación económica de la familia mejoró cuando el padre pudo hacerse con al regencia de un hostal situado en un buen barrio de Delft, al que acudían miembros de la burguesía adinerada de la ciudad y algunos artistas del momento. Posiblemente Vermeer aprendió con alguno de ellos, pues se tienen datos de su ingreso en el gremio de pintores de la ciudad, el de san Lucas, que llegó a dirigir algunos años. 

Es posible que, debido a que se casó joven y tuvo quince hijos -de los cuales sobrevivieron once-, se dedicara a la pintura como pintor de encargo para completar su sueldo como hostelero y marchante de arte (profesiones y negocios que heredó de su padre). Su extensa familia y la situación de crisis vivida en Holanda a finales del s. XVII le impidieron tener un gran desahogo económico, y como prueba de ello, su viuda vivió casi en la pobreza al año de morir el pintor. 

Sus obras, que fueron redescubiertas en el s. XIX, nos muestran escenas de la vida cotidiana holandesa de su época, con una, dos o tres figuras envueltas en una cálida luz que da a las composiciones sensación de intimidad y que entra en la habitación a través de una ventana abierta situada en el ángulo izquierdo; también realizó dos paisajes, siendo muy conocido el que realizó de su ciudad natal, apreciado por los pintores impresionistas posteriores. Algunos investigadores consideran que sus juegos de luces y reflejos sólo pudieron ser conseguidos con la aplicación por parte del pintor de una cámara oscura. 

Los personajes de sus cuadros no  están posando ni presentan una actitud forzada, como si supieran que les están observando; al contrario: tienen actitudes naturales (cocinan, cantan, hablan, enseñan) e íntimas, separándose del espectador por medio de elementos como mesas, tapices o alfombras que adornan la estancia, pero dejan un espacio personal para el retratado. 

En la película del año 2003, el cuadro Joven con perla es el eje central de la historia. Es uno de los retratos más conocidos de Vermeer, aunque no hay actualmente documentación sobre el proceso del cuadro ni el nombre de la retratada, que parece querer decirnos algo, por medio de una boca entreabierta, recursos utilizado luego por otros pintores, como Tiziano, Rubens o Rembrandt. El nombre del cuadro se debe al pendiente que la mujer lleva y que refleja de manera portentosa un reflejo de luz que se recorta sobre la oscuridad del fondo. El pintor juega con la luz y el cromatismo de los blancos, amarillentos, ocres y azules, atrayendo la mirada del espectador sobre los contrastes que existen en el cuadro entre luces y sombras, y que nos recuerdan a la obra del posterior Caravaggio.

  • El Museo Mauritshuis de La Haya, donde se encuentra expuesto este cuadro, aquí.


¿Quieres jugar a Scrabble con tus alumnos?

Dentro de la idea de utilizar juegos -juegos serios- y dinámicas y mecánicas propias de la gamificación en el aula, he creado una adaptación del tablero del juego Scrabble para usar con mis alumnos, repartidos en cinco grupos. He incluido también las letras, usando la proporción correspondiente al alfabeto español.



Mi intención es usar este juego para repasar vocabulario y conceptos propios de las unidades didácticas de 2º y 3º de ESO, con un doble puntaje: el propio del juego (doble tanto de letra, de palabra, triple tanto de letra o de palabra) y específico, asignado doble puntuación a aquellos alumnos que coloquen en el tablero palabras relacionadas con el tema que se esté trabajando en clase. He plastificado los tableros y he impreso cada juego de letras en un color diferente, para distinguirlos y poder guardarlos luego mejor en el aula.

Tanto el tablero como las letras las podéis descargar a través de mi perfil en Scribd o desde aquí: 





Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II

Se llamaba Ana de Austria, y es la protagonista de uno de los nuevos marcapáginas de mi colección. 

Ella, princesa de Bohemia y archiduquesa de Austria, fue elegida para reinar como consorte en España de 150 a 1580, como cuarta esposa de Felipe II, su tío: nacida en noviembre de 1549 e hija de la hermana del rey español, les separaban veintitrés años, pero dicen que Felipe, profundamente dolido tras la muerte de la bellísima Isabel de Valois, su tercera esposa, recuperó las ganas de vivir al lado de su sobrina, a la que sobrevivió cuando esta murió, embarazada de su sexto hijo, víctima de una epidemia de gripe que el propio Felipe II sufrió meses antes. 

La falta de sucesión clara tras la muerte de la reina consorte francesa, pues sólo tenía dos hijas y ningún varón, el panorama político internacional obligaba a Felipe II a tomar una nueva esposa, no sólo para conseguir el ansiado hijo, sino también para afianzar los lazos internacional con la otra rama de los Habsburgo: los problemas religiosos en Flandes, así como la franca rebelión en los Países Bajos y la vinculación afectiva entre esta zona y Alemania, obligaban a buscar un matrimonio que calmara el panorama político.

Ana de Austria ya había estado en el candelero: consciente de su papel dinástico, criada en ambientes españoles (nació en la provincia de Valladolid) y bien conducida por su madre, la infanta María de habsburgo, hija de Carlos I y de Isabel de Valois, la joven sabía cuál había de ser su papel en la familia, admirando a los grandes gobernantes masculinos e idolatrando a su tío Felipe desde bien pequeña. De hecho, Felipe II se negó al matrimonio de su sobrina con el príncipe francés Carlos IX, cuando murió el hijo del español, el pequeño Carlos. 

Aunque la reina francesa ofrece, a la muerte de Isabel, la mano de su hija pequeña, Margarita, Felipe II pone reparos y presenta una larga serie de escrúpulos por contraer matrimonio con dos hermanas. Este hecho aceleró que en el 1569 se zanjara la cuestión de la boda con su sobrina alemana, de manera que en 1570 se firman las capitulaciones matrimoniales y en mayo de ese año se celebra en Praga la boda por poderes, que será confirmada en al Alcázar de Segovia en noviembre de ese mismo año. Cuentan que, cuando Ana de Austria, ya convertida en reina regente, entró en Madrid el 26 de noviembre, su porte regio, el buen uso simbólico de los colores de su marido en su atuendo y la riqueza de sus ropas y joyas impresionaron al público y a la Corte, haciéndose rápidamente merecedora del aplauso de todos. No en vano,  había sido educada para esto. 



Su carácter sencillo, apacible y ordenado, así como el compartir el gusto por la caza y los paseos con su tío y marido causan admiración y sosiego en Felipe II, que vive en estos años problemas políticos internacionales (la guerra contra los turcos y la victoria en la batalla de Lepanto, la más que evidente futura independencia de Flandes y la invasión y en Portugal, a la muerte sin herederos directos del rey luso, esgrimiendo sus derechos dinásticos como hijo y nieto de infantas portuguesas) y nacionales (la traición de su secretario personal, las sucesivas muertes de hombres de su confianza, la muerte de su hermano bastardo Juan de Austria y la rebelión de los moriscos en las Alpujarras).

Ana de Austria, la mayor de quince hermanos, hizo honor a la prolífica capacidad de su familia, y no sólo adoptó como suyas a las pequeñas infantas, hijas de la anterior esposa de su marido, sino que tuvo varios hijos, aunque sólo uno sobrevivió a la niñez. Entre 1571 y 1580 nacerían los infantes Fernando, Carlos Lorenzo, Diego, Felipe y María. Sólo Felipe lograría llegar a adulto, como Felipe III

A la muerte de su cuarta esposa, algunos le piden a Felipe II que vuelva a contraer matrimonio, esta vez con Margarita de Austria, hermana pequeña de Ana, pero el rey se niega. Habiéndose terminado de construir el Monasterio de El Escorial y enterrado en su Panteón Real a sus antepasados y familiares más cercanos, Felipe II permanece viudo dieciocho años, hasta su muerte, volcado en su fuerte devoción religiosa y en su gusto acentuado por la soledad.


  • Vídeo sobre Ana de Austria, aquí. 

Gamificación y clase de Religión (6): Stop-Motion sobre Lutero

Como parte de las tareas asignadas en el proyecto de gamificación educativa que estoy llevando a cabo este curso en la asignatura de Religión de 4º de ESO, propuse a los alumnos la realización de un vídeo sobre Lutero, aplicando la técnica del Stop-Motion (podéis ver el guión de este trabajo pinchando aquí). 

Os dejo uno de los vídeos realizados, como ejemplo: 

Gamificación y clase de Sociales (5): Leonardo da Vinci en la red.

No es la primera vez que les pido a mis alumnos de 2º de ESO que trabajen biografías de personajes históricos; como en otras ocasiones, este curso he aprovechado de nuevo la presencia en las redes de los alumnos, pidiéndoles que realizaran el perfil en una red social inventada de un personaje. 

Aunque las otras veces sí podían elegir entre algunos personajes de los inicios de la Edad Moderna (y la mayoría de los alumnos elegía los Reyes Católicos o a la princesa Juana de Castilla), esta vez el personaje era uno concreto: Leonardo da Vinci, pues ha sido una actividad inscrita en el proyecto de gamificación que estoy llevando a cabo en ese nivel. 

Comparto con vosotros algunas de las imágenes realizadas en esta actividad: 





  • Podéis descargar la plantilla y el guión de esta actividad pinchando aquí. 

Giovanni A. Boltraffio y Leonardo da Vinci.

Hace unos días visité el Museo Lázaro Galdiano de Madrid; se trata de la colección de más de 12000 piezas adquirida por el bibliófilo y editor José Lázaro Galdiano a lo largo de su vida, desde 1882 y exhibidas por expreso deseo de él desde 1951. Tengo por costumbre regalarme marcapáginas de temática artística cuando visito un museo, pero también imanes -que es lo que hice en este caso. 

Una de las piezas me llamó especialmente la atención -por no mencionar la preciosa exposición de marfiles-: el retrato de El Salvador adolescente pintado entre 1490 y 1495 por Giovanni Antonio Boltraffio, un artista milanés que vivió entre 1467 y 1516. La riqueza de su familia, unos mecenas acomodados, le permitió poder ser independiente económicamente y dedicarse a la pintura, comenzando como discípulo de Leonardo da Vinci; es muy posible, además, que el maestro observara pronto en su alumno una destreza especial para el retrato, llegando a intervenir al principio en algunas de sus obras para enseñarle directamente (de esta colaboración nacería la pintura de La Madonna Litta del museo Hermitage). 

La influencia leonardesca en este retrato de un joven Jesucristo es muy evidente, algo que se extiende a las primeras obras que realiza en el taller del maestro: un buen diseño y calidad en el dibujo, así como los dos rasgos típicos de Leonardo: el uso de la técnica del claroscuro para modelar la figura y el sfumato; como su maestro, es posible que al principio Boltraffio buscara analizar la psicología de sus retratados y personajes, la expresión facial y gestual y la representación de las emociones. Otras obras religiosas posteriores serían Virgen y el Niño con san Juan Bautista, san Sebastián y dos donantes, hecha en Bolonia y actualmente en el Museo del Louvre, y una Santa Bárbara hecha en 1502; también se le conocen algunos trabajos y colaboraciones relacionados con la catedral de Milán, para prácticamente dejar de trabajar en los últimos ocho años de su vida. 




Gamificación y clase de Sociales 2º ESO (4): el Renacimiento

Como expliqué en mi primera entrada sobre el proyecto de gamificación que estoy llevando a cabo este curso, de los errores se aprende; de esta manera, antes de comenzar esta idea con mis alumnos de Sociales de 2º de ESO, empleé con ellos durante casi dos meses (y continuamos) el programa Class Dojo, con buenos resultados. 

Una de las cosas que más han comentado es que les ha servido para darse cuenta de que todos los alumnos de la clase son capaces de realizar cosas, ganar puntos y no aparecer con burbujas negativas; de esta manera, la conflictividad en el aula ha disminuido, debido a que también la percepción que de ellos mismos tenían se ha matizado -a mejor. Como expliqué en aquella entrada, los logros -puntos- se convierten en un feedback inmediato: los alumnos ven proyectados en el aula sus puntos a medida que van logrando mejorar su nivel y, según esa puntuación, obtienen un tiquet que les da derecho a un premio concreto, hasta llegar al nivel 100. 



Posteriormente comencé a implantar el proyecto de gamificación previsto para ellos. Nació así Vincire: una aventura futurista ambientada en el año 3452, momento en el que los humanos están siendo atacados por un ejército biónico rebelde al mismo tiempo que intentan huir de la Tierra para poner en marcha el Proyecto Ganímedes y empezar una nueva vida en el satélite de Júpiter. El fondo histórico: los contenidos curriculares para 2º de ESO sobre el Renacimiento y el Humanismo, destacando especialmente la figura de Leonardo da Vinci como hilo conductor para aproximarse al arte renacentista y el pensamiento de la época. 



La metodología que estoy empleando a la hora de trabajar en el aula es la propia del aprendizaje cooperativo, a través de grupos de iguales -diseñados por mí- y estrategias, dinámicas y destrezas de pensamiento como la lectura compartida, 3-2-1 puente o la realización de mapas mentales, como estos que os muestro como ejemplo: 





Y mientras los grupos se ponen en marcha (incluso como naves de reconocimiento de los distintos sectores de Vincire que están siendo atacados), el Ejército Biónico Rebelde se enfrenta a las naves de la Resistencia pilotadas por mis alumnos, a través de un juego de tarjetas de puntuación que llevan a preguntas sobre los distintos temas que se van trabajando poco a poco entre todos; estas preguntas han sido diseñadas previamente por cada grupo. Algunos alumnos, además, se han animado a aportar ideas para la continuación de la historia y para la creación de nuevas tarjetas de ataque -como las llaman ellos.



El proyecto se ha visto interrumpido momentáneamente por las vacaciones de Semana Santa, y los contenidos que se han trabajado, hasta ahora, en un total de ocho sesiones, han sido las novedades que trae la Edad Moderna, las características del Humanismo y cómo reconocer una obra artística del Renacimiento.

Macarons e Historia en mi pastelería.

Catalina de Médicis
Hace unos días estuve en una de las pastelerías más o menos cercana a mi casa. En su escaparate siempre está presente una gran bandeja de pastas coloreadas muy llamativas... y de origen histórico: son los macarons, un dulce francés que en realidad debe su existencia francesa a la noble italiana Catalina de Médicis (Florencia, 1519- Francia, 1589), hija de Lorenzo II, y reina de Francia por su matrimonio con Enrique II. Catalina no saltó a la batalla política hasta la regencia ejercida durante la minoría de edad de su hijo Carlos IX, destacando en sus decisiones siempre por su tendencia a la unidad y la tolerancia religiosa, en un país dividido por entonces entre protestantes y católicos. 

Cuentan que la receta de este postre, formado por dos pequeñas galletas crujientes de almendra de poco grosor y unidas por crema densa, fue llevado por Catalina hasta Francia, donde tomó allí su aspecto definitivo y se presentaba como delicia final en las bodas de la nobleza, quizá por lo difícil de su elaboración. Las distintas combinaciones de colores y rellenos son modernas, resultado de la obra culinaria de dos pasteleros franceses del s. XX: Pierre Hermé y Pierre Desfontaines, que mantienen la receta tradicional de rellenos de fresa, chocolate, pistacho o vainilla y han introducido nuevos sabores en su relleno, como pétalos de rosa o foie-gras.



  • Receta básica, aquí. 




La Infanta de Las meninas.

Hace unos días estuve con mis alumnos de 4º de ESO en el Museo del Prado, en Madrid: una visita más o menos rápida, cuasi tradicional ya y obligada por lo de "escolar". Como no pude resistir a mi particular tentación, un nuevo marcapáginas se ha agregado a mi colección tras la visita: la imagen de la Infanta Margarita de Austria, personaje central del cuadro de Las meninas o La familia de Felipe IV, del genial Velázquez. 

Margarita María Teresa de Austria (1651- 1673) fue la segunda hija de Felipe IV, pues ya tenía otra, la Infanta María Teresa, de su matrimonio anterior con Isabel de Borbón. La madre de Margarita fue Mariana de Austria, archiduquesa de Austria, sobrina de Felipe IV, regente de España y uno de los personajes de mayor importancia política de mediados del s. XVII. El nacimiento de esta niña casi le valió la vida a su madre, tras un día entero de duro parto, del que se recuperó casi tres meses después, y el disgusto de su padre, que no tenía heredero varón todavía; acabó siendo, sin embargo, la hija favorita del rey.

Posiblemente, lo más importante de la vida de la Infanta Margarita fue la cuestión de su matrimonio, que se convirtió en un asunto de Estado. Aunque en España eran sus hermanos varones los que tenían preferencia en asuntos de herencia dinástica, las mujeres mantenían sus derechos hasta su boda y se convertían, así, en piezas fundamentales en el juego político, pues transmitían los derechos sucesorios a sus hijos a hijas. En este caso, el matrimonio de esta joven era crucial: por tradición familiar, el primer candidato fue siempre Leopoldo I (1640- 1705), emperador del Sacro Imperio Germánico tras la muerte de su padre y de su hermano mayor, y, además, tío de la Infanta, pues era el hermano de la reina Mariana de Austria; el hecho de que la niña tuviera, desde bien joven, a la esposa del embajador alemán como preceptora, para aprender el idioma, atestigua este hecho.

Pero Felipe IV dilató la decisión de la boda de su hija hasta que esta contó cerca de catorce años, por diversas razones, siendo dos los más importantes: el dinero de los esponsales (los Habsburgo españoles estaban prácticamente arruinados) y la posibilidad de casarla con Carlos II de Inglaterra, a fin de evitar el matrimonio de este con una de las portuguesas de la Casa de Branganza, con la que España se encontraba entonces en guerra. El rey español barajaba, además, la posibilidad de retrasar esta boda lo máximo posible, pues evitando su matrimonio, la Infanta no perdería sus derechos sucesorios y, hasta el nacimiento de su hermano Carlos (el futuro Carlos II), era considerada heredera universal. 

La cuestión sucesoria de Felipe IV fue un asunto candente: su primera hija, la Infanta María Teresa, había sido casada con su primo Luis XIV de Francia, perdiendo sus derechos sucesorios al hacerlo. Del primer matrimonio de Felipe IV nacerían siete hijos, pero cinco de ellos murieron siendo niños y sólo sobrevivió, finalmente, la Infanta. De su segundo matrimonio tuvo cinco hijos, pero tres de ellos murieron siendo bebés, y la mala salud del futuro Carlos II no auguraba nada bueno (aunque esto ya no lo vivió Felipe IV).

Al emperador Leopoldo I se le ofreció la mano de  su sobrina mayor, la Infanta María Teresa, pero tras la boda de esta con el rey de Francia (algo de lo que se enteró por los mentideros de la Corte, dicen) en aras de la necesaria paz entre España y Francia, presionó para poder casarse con su otra sobrina, Margarita. El hecho de que su hermana Mariana fuera reina de España y después regente del país quiso ser aprovechado por él y sus embajadores (la reina se rodeaba de damas e hijas de embajadores alemanes), aunque pronto se reveló que la reina no se iba a dejar dominar por la situación (y el testamento de Felipe IV no dejaba explícitamente dispuesto este matrimonio).


Margarita de Austria es casada finalmente por poderes y llega a Viena en diciembre de 1666; la recibe un espléndido ballet ecuestre, dos ostentosos palios en el patio central del palacio de Hofburg y una representación operística de tema mitológico. Parece ser que la afinidad entre la joven y su tío- esposo fue notoria, pues ambos compartían no sólo la fe católica, sino también el gusto por la música y el teatro. Los intereses de la joven emperatriz nunca fueron por el terreno político, pero sí tuvo claro desde el principio su misión: otorgar un heredero a la casa de Habsburgo alemana; su matrimonio había servido para unificar de nuevo a las dos ramas de la familia y asegurar la candidatura de Leopoldo I al trono español, en caso del fallecimiento de su débil hermano Carlos II. 

Su objetivo maternal le costó la vida: sus hijos, todos archiduques de Austria, murieron siendo niños: Fernando Wenceslao (1667-68), Juan Leopoldo (1670) y María Ana Antonio (1672), sólo sobreviviendo María Antonia (que sería la madre de José Fernando de Baviera, candidato al trono español en la agonía de su tío Carlos II). Margarita de Austria moriría en el parto de su hija María Ana, y su cuerpo reposa en Viena.

El nombre de Felipe y España (V): Felipe V (segunda parte)

Cuando se firmaba el Tratado de Utrecht en 1713 se abría la puerta al trono de España para la dinastía francesa de los Borbones. Felipe d'Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV, se convertía en el sucesor de Carlos II de Habsburgo, reinando como Felipe V.

Casado en primeras nupcias con María Luisa Gabriela de Saboya (1688- 1714), hija del duque Víctor Amadeo de Saboya y de la princesa Ana María de Orleáns. Su suegro no desaprovechó la ocasión que se le presentaba, y nombró como camarera personal de la nueva reina de España a María Ana de Tremouille, duquesa de los Ursinos; de esta manera, el rey francés se aseguraba una fluida comunicación entre los nuevos reyes y su persona, pudiendo así influir en la política española, aunque de manera discreta. 
María Luisa de Saboya
La influencia francesa se dejó ver pronto en las líneas básicas de la política exterior de los nuevos reyes, hasta aproximadamente el año 1720. Bajo la influencia de la duquesa de Ursinos y Luis XIV, esta primera parte del reinado de Felipe V se caracterizó por la renovación cultural de España, la fundación de la Biblioteca Nacional (1712), de la Academia de la Lengua (1713) y luego de otras -al modo francés- y la centralización de la Administración siguiendo la estela de Francia: se abolen los fueros aragoneses y valencianos, se suprimen las autonomías de Aragón y Cataluña y se implantan las leyes castellanas en todo el territorio, salvo en Navarra y las zonas vascas.

A la muerte de la reina María Luisa, Felipe V se casa con  Isabel de Farnesio (1692- 1766) , hija Eduardo y Dorotea de Neoburgo, duques de Parma. Es a partir de 1714 cuando la política seguida por Felipe V gira hacia la influencia italiana, idea sin duda apoyada -o motivada- por su esposa, que expulsó a la duquesa de los Ursinos de España, e iniciando una política exterior muy agresiva, encaminada a la revisión del Tratado de Utrecht y a la recuperación de algunos territorios italianos y mediterráneos, como Gibraltar y Mahón. La respuesta internacional no se hizo esperar, culminando en una guerra contra Francia, Inglaterra, Prusia, Holanda, Suecia y Dinamarca cuando España reconoce para la imperial Compañía de Ostende los mismos derechos comerciales que ya tenían Holanda e Inglaterra.

Felipe V e Isabel de Farnesio

Felipe V abdica en 1724 en su hijo Luis; se esperaba la muerte prematura de Luis XV (que, sin embargo, murió en 1774); si su padre y el duque de Borgoña, hermano de Felipe V, morían, Felipe V podía acceder al trono de Francia. Para ello era imprescindible que abandonara el español. Sin embargo, Luis I murió en agosto y Felipe V, viendo que sus posibilidades de reinar en Francia disminuían, volvió a tomar la Corona española. 

La segunda parte del reinado de Felipe V se caracteriza por unas miras más españolas, abandonando la influencia italiana y se rodea de ministros españoles; los pactos familiares establecidos con Francia obligan a España a ayudar al país vecino en las guerras de sucesión polaca y austríaca, que permiten a Felipe V recuperar Nápoles y Sicilia. En este segundo reinado, además, los esfuerzos en política interior se centran en la restauración económica del país, la centralización administrativa, el fomento de la investigación desde las Academias y la Biblioteca Nacional y el impulso comercial hacia las Indias.



Felipe VI tuvo una numerosa descendencia, aunque varios de sus hijos murieron jóvenes; algunos de ellos, además, se alzaron en el trono de algunos países europeos de la época: con María Luis de Saboya tuvo cuatro hijos: Luis I (1707- 1724), Felipe y Felipe Pedro (que murieron de niños) y Fernando VI (1713- 1759), que fue rey a la muerte de su padre. Con Isabel de Farnesio tuvo varios hijos e hijas: Carlos III (1716- 1788), que fue rey de España a la muerte de su hermanastro Fernando VI, Ana María Victoria (1718- 1781), que fue reina de Portugal, Felipe I de Parma (1720- 1765), Mª Teresa (1726- 1746), que se casaría con su pariente lejano Luis Fernando, Delfín de Francia, y los infantes Luis Antonio (1727- 1785) y Mª Antonieta (1729- 1785).

Los cronistas cuentan que al final de sus días Felipe V presentó una grave incapacidad para gobernar, quizá fruto de un desequilibrio mental. Fue enterrado en el Palacio Real de la Granja, por deseo expreso del rey. 

El nombre de Felipe y España (V): Felipe V (primera parte)

El rey Felipe IV dejaba sólo un heredero para el trono español: el enfermizo Carlos II, último representante de la rama austriaca en España. Rey desde 1665 hasta 1700, las dos princesas europeas que fueron elegidas para ser sus esposas, María Luisa de Orléans y Mariana de Neoburgo -tras la trágica muerte de la anterior-, intentaron -en vano- darle a Carlos II un heredero. Algo imposible, dada la debilidad del rey español, así como sus graves problemas físicos y psicológicos, fruto de los sucesivos matrimonios endogámicos de la familia Habsburgo; aunque, eso sí: el problema del monarca fue considerado en su época fruto de los hechizos a los que estaba sometido por el demonio desde su juventud.

Sin embargo, el siguiente rey español sí tenía algo que ver con Carlos II: Felipe V (19/12/1683, Versalles- 9/7/1746, Madrid), era su sobrino-nieto. La muerte de Carlos II sin heredero directo origina un grave problema sucesorio que repercute en toda Europa; aunque el Imperio español es decante, aún su poder naval es grande y no interesa que la poderosa casa real francesa tome posiciones en la península. 




El último Austria español deja en su testamento a Felipe, duque de Anjou, bisnieto de Felipe IV y nieto del rey francés Luis XIV, como heredero a la Corona española en 1700: ha estallado la Guerra de Sucesión, en la que entran en juego José Fernando de Baviera -otro sobrino nieto de Carlos II, y el archiduque Carlos de Austria -bisnieto de Felipe III y sobrino de Felipe IV. 

Felipe d'Anjou
La guerra termina con la firma del Tratado de Utrecht en 1713, que supuso para España la entrada de la dinastía de los Borbones, cuyo primer representante en Francia se remontaba a Enrique IV el Grande (1553- 1610); además, se perdían territorios en Italia (que pasaban al Imperio Alemán) y Países Bajos (bajo control de Saboya), Menorca y Gibraltar (cedidos a Inglaterra) y la colonia -hoy uruguaya- de Sacramento (que pasaba a manos portuguesas). Además, Felipe V renunciaba para sí y todos sus descendientes a sus derechos dinásticos sobre el trono de Francia. 

El nombre de Felipe y España (IV): Felipe IV (segunda parte)

El conde- duque de Olivares, Gaspar de Guzmán, fue el primer valido de Felipe IV (1605-1665); su objetivo de gobierno fue lograr que la presencia hegemónica de España en Europa fuera reconocida y que
todos los territorios españoles estuvieran unidos bajo la soberanía del monarca, siguiendo el modelo francés.


En el desarrollo de esta política exterior, Olivares tuvo que hacer frente a varias guerras: contra los Países Bajos, contra Inglaterra y contra Francia (estas últimas, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años que asoló el continente desde 1618). El punto débil de los Países Bajos era el desarrollo de sus rutas comerciales con la costa báltica, de manera que los esfuerzos del valido se centraron en lograr cortar el contacto con el Báltico (no se consiguió) y en reforzar la fuerza naval de España (que sí se logró). Con Inglaterra empleó lazos diplomáticos con el emperador alemán y el rey Jacobo de Inglaterra, hasta la muerte de este. 


El asunto francés fue más grave y complejo. El rey Luis XIII, cuñado de Felipe IV, no se decantó hasta 1635 sobre el bando en el que participar en la Guerra de los Treinta Años; apoyar a España y Austria suponía apoyar el catolicismo, pero apoyar al bando protestante -teniendo en cuenta que Francia acaudillaba la cuestión católica, esta posibilidad es llamativa-, permitiría poner fin al dominio europeo de  los Habsburgo alemanes y españoles. Finalmente, en 1635, ante la victoria española y austriaca contra los suecos en Nordlingen, Luis XIII declara la guerra, en favor de los protestantes; el miedo francés: acabar cercada por España en su lado oriental, pues desde Milán hasta Flandes se había desarrollado, bordeando la frontera entre ambos países, un pasillo por el que los españoles transportaban mercancías, dinero, soldados y armas.

La situación económica de España a lo largo del reinado de Felipe IV no ayudó a los asuntos exteriores: al esfuerzo económico y tributario se le unió la subida de impuestos y precios, así como el endeudamiento progresivo del país, la devaluación monetaria, las malas cosechas y la negación de préstamos intenacionales, que llevó finalmente a Olivares a reemplazar a los banqueros genoveses por portugueses, más afines a sus intereses políticos. A lo largo de mediados del s. XVII las bancarrotas se fueron sucediendo, siendo la primera la de 1627.

La política seguida por el conde-duque incluyó la solicitud, a todos los territorios, de la aportación de armas y soldados para el mantenimiento de las guerras europeas libradas por España; evidentemente, esta propuesta, concretada en la Unión de Armas (1626) no ayudó a la situación del país, provocando una fuerte oposición. No extraña... 500 000 catalanes, por ejemplo, debían aportar lo mismo que los tres millones de napolitanos.... Parece que Olivares no tuvo en ningún momento presente la gran debilidad española del momento: la falta de cohesión administrativa y territorial del Imperio español; las rebeliones en Cataluña y Portugal (donde el duque de Braganza ya oía su nombre como nuevo rey) deberían haberle servido de reflexión...


En 1642 Olivares re retira políticamente, siendo sustituido por su sobrino, Luis Méndez de Haro, tras un tiempo en el que Felipe IV se encargó sólo de las tareas de gobierno. El nuevo valido tuvo que hacer frente a la rendición española en 1648: la Paz de Westfalia ponía punto y final a un terrible conflicto que se había cobrado miles de vidas en Europa y había enfrentado a prácticamente todo el continente; la rendición suponía el declive de la casa de Habsburgo, la hegemonía europea de Francia y el reconocimiento de la independencia de Holanda. 

La paz con Francia llegaría poco después, en 1659: la firma de la Paz de los Pirineos venía acompañada de un acercamiento diplomático que buscaba el enlace de la infanta María Teresa con Luis XIV; la hermana de Felipe IV, Ana de Austria, estaba actuando en ese momento como regente. 

Felipe IV fue, además, un hombre con problemas sucesorios -aunque no tan extremos como los que tendría su propio hijo, Carlos II. De su matrimonio con la princesa francesa Isabel de Borbón (1602-1644) nacerían varios hijos, pero todos fallecieron siendo bebés o niños, salvo una princesa: las infantas María Margarita, Margarita María Catalina, Margarita Eugenia, Isabel y María Antonia morirían algunas sólo con meses de vida; el infante Baltasar Carlos muríó en la adolescencia, y sólo la infanta María Teresa sobreviviría, llegando a ser reina de Francia. 


Isabel de Borbón
Mariana de Austria


Posteriormente el rey se casó con su sobrina Mariana de Austria (1634- 1696), hija de Felipe III y Margarita de Austria. De este matrimonio nacieron también varios hijos, pero con fatídica suerte: María Ambrosia, Felipe Próspero y Fernando Tomás morirían con menos de cinco años; Margarita María llegaría a ser emperatriz. Felipe IV deja sólo un heredero: Carlos II (1661- 1700), el último representante de la dinastía de los Habsburgo españoles. 

  • La Guerra de los Treinta Años, aquí. 
  • Europa tras la Paz de Westfalia, aquí. 
  • La política interior del conde-duque de Olivares, aquí. 
  • Otros reyes españoles llamados Felipe: I, II, III, VI
  • Árbol genealógico de la monarquía española, aquí. 
  • Ficha biográfica de Felipe IV, aquí. 

El nombre de Felipe y España (IV): Felipe IV (primera parte)

Rey con sólo dieciséis años, Felipe IV (1605-1665) fue hijo de Felipe III y Margarita de Habsburgo, rey de España hasta su muerte y de Portugal hasta 1640. De personalidad atrayente, destacó por su gran cultura y dotes artísticas, que volcó en labores de mecenazgo (Velázquez fue su pintor de Corte y Rubens hizo labores diplomáticas para él), así como en sus dos grandes aficiones: la caza y las comedias. Eso sí, mantuvo la línea de gobierno de su padre, cediendo tareas de poder a su valido, Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, y luego en su sobrino, Luis Méndez de Haro, marqués de Carpio.

El reinado de Felipe IV está marcado por un fuerte lastre: la idea de mantener, a toda costa, los conflictos en el norte y centro de Europa, en detrimento de los graves problemas sociales y económicos de la península y de las colonias españolas en América. 

A este empeño contribuyó, y mucho, la política seguida por Olivares, que entró en la Corte como un elefante en una cacharrería, sustituyendo a todas las personas con responsabilidades que habían trabajado para su antecesor, el duque de Lerma -eso sí, colocando en su lugar a sus propios amigos y familiares. El gran objetivo político del conde-duque era ver reconocido el poder del rey español y a España como potencia hegemónica en Europa -a estas alturas, lo que había ya casi era el honor y la resistencia de las tropas de Flandes-; siguiendo el modelo francés, bajo la soberana autoridad del rey se agruparían todos los territorios españoles, de manera que el monarca sería la representación del Estado. 

Por tanto, tres son los grandes puntos de conflicto para Felipe IV en Europa: los Países Bajos (que estaban atacando los intereses comerciales de las colonias portuguesas, a pesar de la tregua que se había firmado en vida de Felipe III), Inglaterra (las naves inglesas llegaron a Cádiz en 1625) y Francia (en el contexto de la grave guerra de los Treinta Años... y el hecho de que Luis XIII estuviera casado con la hermana de de Felipe IV no parecía pesar...). 

A este panorama político hay que añadir la terrible situación económica que venía atravesando ya desde finales del reinado de Carlos I, bisabuelo de Felipe IV, y que se concretaría durante este reinado en sucesivas bancarrotas y la pérdida de la confianza de los banqueros genoveses, amén de las malas cosechas sucesivas, que dejaron a la mayoría de la población peninsular -sobre todo, castellanos-, por debajo del umbral de la pobreza.

El nombre de Felipe y España (III): Felipe III

Hijo de Ana de Austria y de Felipe II, Felipe III (14.4.1578- 31.3.1621) fue un heredero deseado -su madre fue la cuarta esposa de su padre-, siendo rey de España y Portugal desde 1598 hasta su muerte. Muchos consideran su reinado como una transición entre el gobierno imperial de Felipe II y la decadencia política y familiar de los Austrias españoles del s. XVII.


Destacando por su carácter bondadoso y dócil (cuentan que no daba un paso sin pedir permiso a su padre), políticamente fue un rey débil y quizá negligente -algo de lo que fue consciente al final de su vida-, delegando totalmente las tareas de gobierno y decisiones políticas en sus validos, Francisco de Sandoval, duque de Lerma, y después en el hijo de este, Cristóbal Gómez, duque de Uceda.

Su reinado se caracterizó por dos hechos: la búsqueda de la pacificación de los territorios dinásticos (aunque no de manera definitiva) y los problemas financieros, que ya venían arrastrándose desde el final del reinado de su abuelo, Carlos I; aunque las deudas contraídas a corto plazo con banqueros genoveses pudieron cambiarse por deudas a largo plazo, esto no evitó la devaluación monetaria en Castilla ni las sucesivas quiebras. Además, por si esto fuera poco, la península se vio azotada por una grave epidemia de peste que diezmó la población. 

Hereda de su padre tres graves conflictos, a los que logra acallar -que no controlar ni terminar- con maniobras diplomáticas de sus embajadores o por casualidades históricas. Así, se firma la paz con Inglaterra en 1604 -facilitada por la muerte, el año anterior, de Isabel I de Inglaterra- y cesan los intentos de invasión a la isla por parte de España -todos infructuosos, a pesar de la ayuda prometida por los irlandeses.; la muerte de Enrique IV de Francia permite también una tregua -logrando salvar la vía de comunicación entre Milán y Flandes de los ataques franceses- y, sin intención de retirarse de Flandes, sí se firma una tregua de doce años en la zona, en 1609. 

Esto no supone la desaparición de los españoles de la política europea internacional, pues el inicio de un fuerte conflicto que sacude toda Europa, la Guerra de los Treinta Años, en 1618, obliga a Felipe III a participar ayudando a la rama austríaca de la dinastía, a fin de mantener la defensa del catolicismo y los intereses españoles en el norte de Italia. 

Las sucesivas pacificaciones temporales permiten a Felipe III (a sus validos, más bien) afrontar el problema interno: la presencia de moriscos en la zona de Valencia, que es vista como un ataque al catolicismo... y una posible colaboración a los piratas que estaban atacando en el Mediterráneo. Los moriscos son expulsados entre 1609 y 1614; las consecuencias económicas y demográficas de la marcha de casi 300 000 personas no fueron ajenas en ningún momento al rey, pues la falta de mano de obra y la bajada de la productividad fueron evidentes.

Felipe III se casó con Margarita de Habsburgo (1584- 1611), hija del archiduque Carlos de Estiria y primo segundo, por tanto, de Felipe II. Cuentan que la princesa deseaba entrar en un convento, pero sus padres concertaron el matrimonio con su primo español, con el final de afianzar los lazos dinásticos y familiares y asegurar la continuidad de los Austrias españoles, ya que su madre había tenido quince hijos y, por lo tanto, se presuponía su fertilidad. El matrimonio tuvo cinco hijos: el futuro Felipe IV y los infantes Ana (que sería reina de Francia), María Ana, Carlos y Fernando. 

A su muerte, Felipe III deja un heredero de apenas 16 años, que deberá hacer frente a la Guerra de los Treinta Años y a una situación económica ruinosa, con un Tesoro agotado que no podía sostener los gastos del reinado...

  • Árbol genealógico de la monarquía española, aquí. 
  • Ficha de Felipe III, aquí. 
  • El primer Felipe de España, aquí. 
  • El escudo de armas de otro Felipe: el VI, aquí. 
  • Biografía breve de Felipe III, aquí.