El extraño caso de la pintura del visir Rekhmire.

Revisando algunos mensajes de mi perfil en Facebook me ha llamado la atención la siguiente imagen, enviada a través de la página comunitaria Let me bring Egypt to you
 

Me disponía a preparar la segunda entrada sobre los Reyes españoles con nombre Felipe (la primera parte la podéis leer pinchando aquí), pero no he podido resistirme a hacer un parón al encontrarme con esta imagen. Se trata de una pequeña escena cotidiana de la tumba del visir Rekhmire (c. 1460), funcionario de primer orden de la XVIII dinastía, al servicio de los faraones Tutmosis III y Amenofis II, que controlaba la zona media del país, desde Asuán a Asiut, además de tener otros importantes cargos administrativos y religiosos en Karnak.

Las paredes de su tumba, en Luxor,con 20 m. de largo de pasillo y 25 m de capilla, son reflejo de la vida cotidiana de su tiempo: registros de mercancías, tributos de países extranjeros, escenas de vendimia, pesca y caza, el visir revisando los alimentos que entran en el templo de Amón, así como representaciones de alfareros, ceramistas, orfebres y escultores. Buena parte de la decoración, como es habitual, la forman pinturas sobre la celebración funeraria del visir. Además, en la capilla se encuentran textos autobiográficos sobre los deberes del visir: cuidar la casa del faraón, escuchar peticiones, atender a los más débiles, cumplir y hacer cumplir la ley, comprobar las audiencias y sentencias, revisar las medidas de las parcelas, etc. 

Pero no es esto lo que más me ha llamado la atención de esta imagen, no, sino cómo la rigidez oficial en los usos y costumbres de la pintura se rompe aquí como si no pasara nada: la figura femenina de la derecha, que posiblemente está haciendo una libación, está vestida con una larga túnica de lino que deja ver su figura... que se presenta ¡de espaldas!, mientras que el personaje de la izquierda sí se ajusta a los cánones de las representaciones oficiales, con cara de perfil, hombros de frente,... Esta ruptura en el arte egipcio, que yo creo que es más bien un guiño del artista para hacernos ver que sí era capaz de dejarse llevar por su pericia, no debería sorprendernos: ya las bailarinas del Museo Británico se muestran... diferentes...

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