El espacio de las mujeres en Auschwitz- Birkenau.

Cuando el campo de exterminio de Auschwitz se quedó pequeño, se contruyó en 1941 un segundo complejo a tres kilómetros, en Birkenau, destinado a poner en práctica la Solución final. Las cuatro cámaras de gas de Birkenau comenzaron a funcionar en 1942, hasta que el campo fue liberado por el ejército soviético en enero de 1945.

En Birkenau (Auschwitz II) se creó una zona destinada a mujeres, bajo el mando de María Mandel (1912-48). El nuevo espacio destinado a presas políticas, judías, gitanas y opositoras al régimen nazi tenía diversos refugios hechos de ladrillo y madera, construidos como establos, con techos sin tejas, suelos siempre embarrados -Mandl ordenaba a las presas que lavaran su ropa y plato en los charcos cuando llovía- y con una letrina para cada mil mujeres, aproximadamente. En cada barracón al principio se colocó a unas 120 mujeres, pero a medida que las presas fueron aumentando superaron las mil personas en cada uno. 

Se calcula que el espacio destinado a cada mujer en cada uno de los barracones era inferior al de un gallinero pequeño: 0'28 metros cuadrados (el espacio vital habitable se calcula que oscila entre 1 y 9 metros) para cada una (una gallina necesita un mínimo de 2 metros cuadrados para desarrollarse adecuadamente). El hacinamiento en cada barracón afectaba también al aire: 730 l. para cada una (un adulto necesita entre 13000 y 15000 l. de aire al día).


Y así era César.

Cayo Julio César pertenecía a una rama de la prestigiosa gens Julia, que decían descender del propio Eneas -y, por tanto, de la diosa Venus. El cognomen, césar, habla para algunos del nacimiento de Cayo Julio por cesárea -cosa poco probable, por el riesgo para la mujer que implicaba en aquella época-, para otros porque el primero de esta rama mató un elefante -en bereber, caesai, lo que se puede enlazar con aquellos animales africanos exóticos que César llevó a Roma: las jirafas...- y para otro grupo hace referencia más bien al color azul claro -caesi- de los ojos de muchos miembros de estos julios.


César, además, destacó por su aspectos físico y porte: era bastante alto y delgado -fibroso, fruto de sus entrenamiento militares ya desde joven, en el Campo de Marte-, de rostro afilado y marcado; además, gustaba de marcar la diferencia vistiendo de manera llamativa, con el cinturón de la túnica un poco suelto y esta misma prenda con mangas ligeramente más largas de lo habitual.. Comía y bebía poco, lo que seguro que influyó en su resistencia física, aunque no le evitó sufrir de fuertes dolores de cabeza. Se sabía atractivo y se aprovechaba de ello; una prueba de esto fue el romance que tuvo con Cleopatra VII en el año 48 a.C, teniendo ella 21 años y él 52...

La primera jirafa en Roma: año 46 a.C

Celebrar un triunfo para un general romano era poder tocar el cielo, aunque recordando siempre que se es sólo un hombre -ya se encargaba de eso el esclavo que susurraba al oído del triunfador esto, durante la procesión y ovaciones. Era el reconocimiento del Senado, la más alta institución de la República, a un general victorioso.

Pero, además, el Senado decretaba días de acción de gracias como conmemoración de esa acción militar; en honor a las victorias y proezas bélicas de Julio César  se regalaron varios días, en distintos momentos -para horror de Pompeyo, su amigo y aliado político casi hasta el final de su vida, y para bien de los propagandistas que César tenía en Roma durante sus ausencias militares-: quince días en el año 57 a.C, cuando derrotó a los belgas, veinte cuando arribó a Britania, otros veinte al vencer al líder galo Vercingetórix, cuarenta en la batalla de África -victoria que fue maquillada como una guerra contra el rey númida Juba, pues en realidad fue una lucha entre romanos. 


Fue en el año 46 a.C, tras la batalla africana, cuando el Senado le otorgó el segundo triunfo; el primero no lo había celebrado, renunciando a él para presentarse por primera vez a las elecciones al consulado. Y César aprovechó ese triunfo para celebrar sus cuatro memorables victorias -cuatro, sí: una victoria, un triunfo más que Pompeyo. Desde mediados de septiembre hasta principios de octubre, el pueblo de Roma disfrutó de los desfiles, los prisioneros encadenados -entre ellos, Vercingetórix, Arsínoe, la hermana de Cleopatra y el hijo pequeño de Juba-, los carros con los botines y metales preciosos, el reparto gratuito de trigo, los banquetes públicos... y la exhibición de animales exóticos, como jirafas. 

Era la primera vez que se veían jirafas en Europa...

¿Quién es quién en la legión romana?

Lo admito: una de las cosas que más me llama la atención del antiguo mundo romano es la capacidad de sus legiones. Capacidad organizativa y tecnológica superiores que les permitieron conquistar toda Europa (o, al menos, la Europa conocida hasta aquel momento, que viene a ser lo mismo), arrasar en la Galia, construir en horas un campamento en las orillas cercanas a Dover en la invasión de Britania o nombrar emperadores a finales del Imperio como si fueran churros, aprovechando la situación política...


Para convertir a los 6000 hombres que, en general, formaban una legión -y recordemos que Roma llegó a tener a 33 legiones activas en el año 197- hace falta una férrea disciplina y una jerarquización clara y muy controlada en los puestos de máxima responsabilidad. 

Así, el soldado de a pie, el que acaba de empezar -quizá con la esperanza de lograr la plena ciudadanía tras servir 25 años en el ejército, comenzando con unos 16 años- era el miles: el soldado raso que trabajaba en las tareas más pesadas, sin ninguna especialización. El ascenso inmediato suponía tener el rango de inmune, que ya no realizaba esas tareas pesadas y se dedicaba a trabajos más especializados, como ser escribiente o técnico. Posteriormente ser principal permitía obtener el lujo de hasta doble paga (450 denarios anuales, aproximadamente) y pertenecer al cuerpo de portaestandartes (el signum era la enseña de cada centuria), suboficiales u oficiales. 

El gran salto era lograr el puesto de centurión. Al frente de cada centuria -cien hombres-  había uno, y según el rango y experiencia de la centuria correspondiente, así era la posición en la jerarquía interna de los centuriones. El que dirigía la primera centuria era el oficial de más alta graduación de toda su cohorte -unos 600 hombres-, el pilus prior; y si esa centuria era la primera de todas en la primera cohorte, su centurión estaba al frente de las tropas de élite y tenía más experiencia y antigüedad que todos los demás, por lo que recibía un trato especial como primus pilus o primipilo, justo por debajo en la jerarquía de los grandes oficiales: el legado -nombrado por el emperador para dirigir a toda la legión- y los tribunos militares -que dirigían las cohortes.

Los tribunos, a su vez, tenían una jerarquía interna propia: el tribuno laticlavio era un senador joven que entraba así en contacto con la vida militar, dirigiendo directamente las dos primeras cohortes, las más experimentadas. Los tribunos angusticlavios son miembros del orden ecuestre con poco poder militar -aunque algunos han podido servir antes en las tropas auxiliares de la legión-, pero sí con poder administrativo.


Junto con el cónsul -jefe del ejército, entre otros cargos de máxima importancia política-, tribunos y legados  no requerían experiencia militar, ya que eran cargos políticos del cursus honorum del ciudadano romano. 

  • La graduación militar romana, aquí
  • La comida de un legionario romano, aquí
  • La organización de los legionarios en contubernios, aquí
  • El manual del perfecto legionario, aquí
  • La organización básica de la legión romana, aquí

500 años de retrato femenino en 2 minutos.

A través de Facebook me llega hoy esta curiosa presentación del rostro de la mujer en 500 años de arte, realizada por Philip Scott Johnson.

¿Quién es quién en cada retrato?