En clase, yo y Anatomía de la Historia (7)

La revista Anatomía de la Historia publicó ayer una breve reseña escrita por mí sobre un interesante libro de Jorge Negrete: Roma invicta. Agradezco desde aquí a su editor, José Luis Ibáñez, la deferencia. 

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El nombre de Felipe y España (V): Felipe V (primera parte)

El rey Felipe IV dejaba sólo un heredero para el trono español: el enfermizo Carlos II, último representante de la rama austriaca en España. Rey desde 1665 hasta 1700, las dos princesas europeas que fueron elegidas para ser sus esposas, María Luisa de Orléans y Mariana de Neoburgo -tras la trágica muerte de la anterior-, intentaron -en vano- darle a Carlos II un heredero. Algo imposible, dada la debilidad del rey español, así como sus graves problemas físicos y psicológicos, fruto de los sucesivos matrimonios endogámicos de la familia Habsburgo; aunque, eso sí: el problema del monarca fue considerado en su época fruto de los hechizos a los que estaba sometido por el demonio desde su juventud.

Sin embargo, el siguiente rey español sí tenía algo que ver con Carlos II: Felipe V (19/12/1683, Versalles- 9/7/1746, Madrid), era su sobrino-nieto. La muerte de Carlos II sin heredero directo origina un grave problema sucesorio que repercute en toda Europa; aunque el Imperio español es decante, aún su poder naval es grande y no interesa que la poderosa casa real francesa tome posiciones en la península. 




El último Austria español deja en su testamento a Felipe, duque de Anjou, bisnieto de Felipe IV y nieto del rey francés Luis XIV, como heredero a la Corona española en 1700: ha estallado la Guerra de Sucesión, en la que entran en juego José Fernando de Baviera -otro sobrino nieto de Carlos II, y el archiduque Carlos de Austria -bisnieto de Felipe III y sobrino de Felipe IV. 

Felipe d'Anjou
La guerra termina con la firma del Tratado de Utrecht en 1713, que supuso para España la entrada de la dinastía de los Borbones, cuyo primer representante en Francia se remontaba a Enrique IV el Grande (1553- 1610); además, se perdían territorios en Italia (que pasaban al Imperio Alemán) y Países Bajos (bajo control de Saboya), Menorca y Gibraltar (cedidos a Inglaterra) y la colonia -hoy uruguaya- de Sacramento (que pasaba a manos portuguesas). Además, Felipe V renunciaba para sí y todos sus descendientes a sus derechos dinásticos sobre el trono de Francia.