Ignacio de Loyola (1491- 1556)

Una nueva línea del tiempo. Esta vez, sobre un personaje histórico, Ignacio de Loyola, y su contexto (1491- 1556):

S. Ignacio de Loyola on Dipity.


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La constelación del Delfín.

Una banda de piratas secuestró una vez al dios Dioniso, bajo la apariencia de un bellísimo joven moreno de largos bucles y manto púrpura. El timonel se dio cuenta enseguida de que aquel hombre de tan mágica belleza no podía ser mortal, pero, pese a sus avisos, sus compañeros lo arrastraron hasta el barco, pensando que es un príncipe por el que podrán pedir un buen rescate.

La presencia de Dioniso en el barco provoca extraños y mágicos sucesos: sus ligaduras se caen por sí solas cuando le intentan atar, del barco empieza a salir vino de excelente aroma, los toneles se adornan de flores y aparece un enorme oso.

Unos dicen que el dios se convirtió en un león y los piratas, asustados, saltaron por la borda. Otros, que les convenció para que cantaran con él, hechizándolos con la música y provocando que bailaran sin control hasta caer al mar. Sea como sea, los piratas se convirtieron en el salto en delfines, y Dioniso, divertido, colocó en el cielo la imagen de uno de ellos: la constelación del Delfín.

Quizá sea esta la razón por la que se dice que a los delfines les gusta la música...

Monseñor Romero, mártir.

Óscar Arnulfo Romero fue asesinado un día como hoy, hace treinta y un años.




Romero (1915- San Salvador, 1980) fue arzobispo salvadoreño. Inicialmente formado teológicamente por claretianos y jesuitas en Roma, sus inicios en la carrera eclesiástica no parecían anunciar que se convertiría en símbolo de la lucha por los más pobres de su país, ya que al principio se mostró conservador en su pastoral, aunque especialmente volcado en la atención a los niños huérfanos. Hasta que en la década de 1970 fue destinado como obispo auxiliar de El Salvador.

El país, bajo control militar, sufría una sangrienta espiral de violencia y muertes, y se implicó de lleno en la repulsa explícita de esta situación a partir de 1975, cuando denunció el asesinato de un grupo de campesinos que regresaban de un acto religioso. Hasta entonces su labor se centraba en las visitas a los campesinos más pobres, la predicación y las asociaciones religiosas. En 1977 su compromiso con el pueblo y la situación política de El Salvador se acrecentó, tras las expulsiones y asesinatos de laicos y sacerdotes: la chispa fue el asesinato de su amigo, el jesuita Rutilio Grande. Pidió una investigación al gobierno militar de Arturo Armando Molina, excomulgó a los culpables, celebró una Eucaristía única -a la que asistieron cien mil personas. Acudió a Roma e informó al Papa.

A su vuelta, la represión contra la Iglesia fue mayor: expulsiones, atentados, amenazas, asesinatos. Romero aprovechó sus homilías para denunciar, con nombres y apellidos, a los culpables. En octubre de 1979 un golpe de Estado no sangriento parecía prometer un cambio democrático, pero Romero llamó desde el altar a las fuerzas políticas, culturales, sociales, asociaciones, ejército y hasta a los grupos terroristas, para unir fuerzas para reconstruir El Salvador tras su guerra civil -incluso escribió a Jimmy Carter, presidente de EEUU, pidiéndole el cese del apoyo militar, acusándole de injerencia.

El 23 de marzo, en la homilía del Domingo de Ramos, lanzó su última homilía denunciado al ejército y la policía. Le habían avisado de las consecuencias. Al día siguiente, mientras celebraba la Eucaristía en un hospital que solía visitar, fue asesinado por un francotirador. Aún hoy no se han detenido a los culpables.

...El día de su entierro, miles de personas acompañaban su cuerpo, en la puerta de la Catedral Metropolitana de San Salvador. Fuerzas militares dispuestas en las azoteas de las plazas dispararon a la población; murieron 44 personas.

  • Impacto internacional del asesinato de Mons. Romero, aquí.

Espartaco.


Nacido en Tracia (actuales Bulgaria y Turquía europea), tal vez alrededor del año 113 a.C, Espartaco fue soldado romano en las tropas auxiliares, aunque desertó -tal vez por ser obligado a luchar contra los suyos. Capturado, él y su mujer fueron vendidos como esclavos y acabó en la escuela de gladiadores del lanista Léntulo, en Capua, al sur de Italia. Era el año 73 a.C.

Su nombre ha pasado a la Historia asociado a una rebelión de esclavos. Es cierto: aquel verano, doscientos gladiadores organizaron un complot, pero sólo setenta, al mando de Espartaco, lograron escapar. Iban con él dos amigos, los galos Criso y Enomao. Acabaron en la zona del Vesubio, tras hacerse con un cargamento de armas; su plan pronto corrió como la pólvora y se les fueron uniendo otros grupos de esclavos fugitivos. El Senado romano, como respuesta, envió a la zona unos tres mil hombres, al mando de Cayo Clodio, convencidos de su rápida victoria. No contaban con que Espartaco conocía las tácticas militares de la legión... La victoria del tracio fue sonora.

Envalentonado, Espartaco se dirigió al sur de Italia con sus hombres, mientras numerosas ciudades se le iban uniendo, de forma que logró formar un ejército de unos cien mil hombres. Su objetivo era atravesar la península hacia el norte, cruzar los Alpes y escapar. Lo malo es que pronto comenzaron las disputas internas entre el grupo del tracio: Criso y otros preferían lanzarse contra la capital y saquearla. Era el año 72 a.C. y Espartaco había vencido varias veces a las fuerzas romanas; sus hombres se dedicaban al pillaje en las ciudades que iban encontrando, y decidió no abandonar a su compañero gladiador a las fuerzas romanas: dio la vuelta hacia el sur, pensando abandonar Italia por mar.

Dispuesto a vencer lo que ya era una rebelión en toda regla, el Senado puso a Marco Licinio Craso al mando de diez legiones -unos 60 000 hombres. Un primer error táctico dio la victoria a Espartaco, asentado en Calabria y preparado para huir por Sicilia, ayudado por unos barcos piratas que había contratado... y que nunca llegaron. Viéndose sin escapatoria por mar, intentó huir por Brindisi, donde las tropas de esclavos fueron masacradas. en la batalla de Silaro. El cadáver de Espartaco nunca se encontró, pero posiblemente murió allí. Era el año 71 a.C. Seis mil hombres fueron crucificados en la Vía Appia como castigo ejemplar.

El om.

El símbolo om pertenece a la religión hindú. No es una sílaba ni una palabra mágica, sino una representación de energía espiritual y del Absoluto. Al pronunciarla se deja que la última letra se vaya desvaneciendo hasta formar un silencio que hay que escuchar... Om es el sonido de las estrellas en el Universo, dicen, y la presencia de Dios en todo lo creado, la energía primera que dio lugar a todo. Es también un mantra básico en la práctica del yoga.

Cada una de sus curvas tiene a su vez significado: la vigilia (curva inferior: el mundo exterior), el mundo de los sueños (curva intermedia: el mundo del subconsciente) y el sueño profundo (la curva superior: lo más cercano a la visión de Dios). El punto y el semicírculo superior simboliza el infinito, la Conciencia Suprema, Dios que todo lo ve y crea. A su vez, todo el conjunto significa la Verdad, que está formada por varias partes que se integran y relacionan entre sí.