Monseñor Romero, mártir.

Óscar Arnulfo Romero fue asesinado un día como hoy, hace treinta y un años.




Romero (1915- San Salvador, 1980) fue arzobispo salvadoreño. Inicialmente formado teológicamente por claretianos y jesuitas en Roma, sus inicios en la carrera eclesiástica no parecían anunciar que se convertiría en símbolo de la lucha por los más pobres de su país, ya que al principio se mostró conservador en su pastoral, aunque especialmente volcado en la atención a los niños huérfanos. Hasta que en la década de 1970 fue destinado como obispo auxiliar de El Salvador.

El país, bajo control militar, sufría una sangrienta espiral de violencia y muertes, y se implicó de lleno en la repulsa explícita de esta situación a partir de 1975, cuando denunció el asesinato de un grupo de campesinos que regresaban de un acto religioso. Hasta entonces su labor se centraba en las visitas a los campesinos más pobres, la predicación y las asociaciones religiosas. En 1977 su compromiso con el pueblo y la situación política de El Salvador se acrecentó, tras las expulsiones y asesinatos de laicos y sacerdotes: la chispa fue el asesinato de su amigo, el jesuita Rutilio Grande. Pidió una investigación al gobierno militar de Arturo Armando Molina, excomulgó a los culpables, celebró una Eucaristía única -a la que asistieron cien mil personas. Acudió a Roma e informó al Papa.

A su vuelta, la represión contra la Iglesia fue mayor: expulsiones, atentados, amenazas, asesinatos. Romero aprovechó sus homilías para denunciar, con nombres y apellidos, a los culpables. En octubre de 1979 un golpe de Estado no sangriento parecía prometer un cambio democrático, pero Romero llamó desde el altar a las fuerzas políticas, culturales, sociales, asociaciones, ejército y hasta a los grupos terroristas, para unir fuerzas para reconstruir El Salvador tras su guerra civil -incluso escribió a Jimmy Carter, presidente de EEUU, pidiéndole el cese del apoyo militar, acusándole de injerencia.

El 23 de marzo, en la homilía del Domingo de Ramos, lanzó su última homilía denunciado al ejército y la policía. Le habían avisado de las consecuencias. Al día siguiente, mientras celebraba la Eucaristía en un hospital que solía visitar, fue asesinado por un francotirador. Aún hoy no se han detenido a los culpables.

...El día de su entierro, miles de personas acompañaban su cuerpo, en la puerta de la Catedral Metropolitana de San Salvador. Fuerzas militares dispuestas en las azoteas de las plazas dispararon a la población; murieron 44 personas.

  • Impacto internacional del asesinato de Mons. Romero, aquí.

0 aportaciones: