A falta de pan, buenas son tortas.

No debía de ser fácil ser legionario romano, pero aún más complicado -aunque glorioso- si estabas bajo la férrea mano de Quinto Cecilio Metelo, el cónsul que metió en vereda a las tropas romanas en la guerra contra el númida Yugurta

Los legionarios romanos debían consumir unas 3000 calorías al día, siendo el trigo la base de su dieta -o la cebada, en momentos de penuria o de castigo  por cobardía o indisciplina. Los legionarios recibían un kilo de trigo en grano, aproximadamente, y cada contubernio debía hacerse su propio pan, tarea que duraba aproximadamente, entre unas cosas y otras, unas cinco horas. Por eso era tentador comprar a los lugareños pan fresco, cosa que era muy criticada por personajes como Metelo, pues eso era signo de haraganería entre los que tenían como misión defender el honor romano. 


Pero a veces las circunstancias hacían imposible que los soldados pudieran hacer pan; para estos casos, los legionarios se alimentaban de galletas o tortas duras, llamadas buccellatum, muy secas en su cocción y seguramente poco agradables de sabor, pero muy energéticas, aguantando muchos días como alimento preparado. Estas galletas llegaron a ser la comida típica de los legionarios allá por el s. IV.
  • La receta de las galletas o buccellatum, aquí

2 aportaciones:

Cayetano Gea dijo...

Y como diría María Antonieta, si no tienen pan que coman pasteles.
Saludos.

Negrevernis dijo...

No les gustarían mucho estas galletas, creo yo, no...