Dánae
dio a luz a Perseo en secreto, recibiendo sólo la ayuda de su vieja nodriza para cuidarlo. Sin embargo, su padre, el rey
Acrisio, pronto descubrió que el niño había nacido, y temiendo que se cumpliera la profecía, encerró a la princesa y a su nieto en un cofre y los echó al mar.
Claro,
como en todas estas cosas de dioses, el cofre no se hundió, sino que se mantuvo a flote hasta que el vaivén de las olas lo condujo a la isla de
Sérifos, donde el pescador
Dictis lo descubrió y, al abrirlo, halló en su interior a la joven y al bebé. El hombre se ocupó de ambos y Perseo creció hasta convertirse en un apuesto muchacho.
El problema fue que
Dánae era demasiado bella, seguramente, la mujer más hermosa de toda la isla, de forma que
Polidectes, tirano de la isla y hermano de Dictis, se enamoró perdidamente de ella. Dispuesto a quitarse de enmedio a todos los posibles pretendientes y lograr por la fuerza a la princesa, organizó un banquete, donde preguntó a todos los presentes qué regalo podrían traerle que fuera digno de un rey.
Todos los participantes estuvieron de acuerdo en un punto: un hermoso y magnífico caballo sería un regalo digno de un rey. Perseo, que era un joven impulsivo y audaz, gritó que aquél no era un presente adecuado: un rey, para ser digno de su rango, debía recibir como regalo la cabeza de
Medusa.
Al día siguiente, los hombres presentaron al tirano un brioso caballo cada uno; excepto Perseo, pues era demasiado pobre para conseguir uno. Polidectes vio aquí su ocasión:
- Si no me traes la cabeza de Medusa, tal y como me habías prometido, me adueñaré de tu madre por la fuerza.- Un resumen de la historia de Perseo aquí.