Phineas y Ferb y el pájaro dodo.

Hacia 1670 ya habían desaparecido casi todas las especies de pájaro dodo, un ave endémica de la isla Mauricio; el último ejemplar, de color blanco, fue matado en 1761. Este pájaro era muy apreciado por sus plumas, y sus huevos eran comidos por los animales que los conquistadores europeos estaban llevando a esta zona del Índico: ratas, perros y cerdos. 


Tenía el tamaño de un cisne, un pico fuerte y unas alas muy cortas que le impedían volar, por lo que se podía atrapar fácilmente -y por eso se consideraba que eran tontos; su nombre procede de la palabra holandesa usada para decir "haragán"-; posiblemente este ave fue una adaptación de una especie de paloma india que recaló en la zona de Madagascar, que perdió su capacidad de volar debido a la ausencia de depredadores en la isla, por lo que no necesitaba huir, de manera que comía semillas y ponía sus huevos en la tierra.

Pero aunque desde hace casi trescientos años nadie a vuelto a ver un ejemplar de este pájaro, curiosamente sí lo encontramos en películas infantiles y dibujos animados: Lewis Carroll apostó por él como uno de los personajes secundarios de su libro Alicia en el país de las Maravillas: es juez en una carrera en la que todos ganas, según él, siendo recreado por Disney posteriormente; y los modernos Phineas y Ferb logran capturar uno tras ascender por la colina en la que vive.

¿Por qué los hombres usaban tacones?

Lo de los zapatos de tacón viene ya de lejos -algunas imágenes del Antiguo Egipto ya nos sugieren que tanto hombres como mujeres los usaban-, pero en su origen no parece que se usaran como signo de elegancia femenina, sino que los persas los mandaban fabricar como parte del equipo de equitación, ya que de esta manera el pie encajaba mejor en el estribo del caballo. 

Hoy asociamos los zapatos de tacón con moda femenina o, incluso, como signo subliminal de poder en las mujeres -dicen algunos. Pero en el s. XV Catalina de Medici los usó para disimular su baja estatura cuando se casó con Enrique II de Francia el 28 de octubre de 1533, algo que no le impidió llegar a ser reina de Francia y tres veces reina regente de este país, durante la minoría de edad de tres de sus hijos varones.


A mis alumnos les llama siempre mucho la atención el retrato de Corte oficial de Luis XIV de Francia, hecho por Hyacinthe Rigaud (1659- 1743) y pintor favorito del rey francés, para el que trabajó toda su vida. Todo en este cuadro es suntuosidad y magnificencia: las ricas telas, el fondo ampuloso y teatral o la expresión soberbia del rey, que seguro quedó muy complacido con el resultado. En esta obra se puede observar cómo Luis XIV disimula sus 163 cm. de estatura con unos zapatos de tacon rojo, ganando así diez centímetros. Celoso de sus zapatos, usados también como signo de distinción y nobleza (el color rojo escarlata era el signo de los miembros de este estamento), llegó a ordenar por medio de un edicto, en la década de 1670, que los nobles cortesanos calzaran este modelo de zapato... y no las imitaciones que se venían viendo por ahí. La Corte inglesa adoptó esta costumbre francesa, prohibiendo su uso a las mujeres, considerando que ejercían un hechizo sobre los hombres que les conducía, irreversiblemente, al matrimonio.

Hoy aún nos queda un barniz histórico en nuestros zapatos de tacón: el tacón de carrete, de base ancha y cuatro centímetros de altura, es conocido también como tacón Luis XIV, usado por la marca Chanel para algunas de sus colecciones.

Rosalind Franklin y el ADN: persecución científica.



Google recordaba esta semana en un doodle la figura de una importantísima científica: Rosalind Franklin (Londres, 1920- 1958), que sentó las bases para la comprensión de la estructura del ADN. 


Procedente de una familia de origen judío, desde muy joven destacó en materias matemáticas y  tuvo claro que iba a dedicar su vida a los estudios científicos, a pesar de la oposición de su padre, que estaba en contra de dar una educación superior a las mujeres. Afortunadamente, su familia acabó cediendo -aunque dejando claro a la joven que podría estudiar, pero no ejercer su carrera- y Rosalind logró graduarse en Cambridge e investigar sobre las microestructuras del carbón y el grafito. Estas primeras investigaciones le valieron preparar posteriormente su doctorado en química y física. 
 
A finales de la década de los 40 trabajó en París sobre la aplicación de técnicas de difracción de rayos X a diversas sustancias; posiblemente este trabajo, con la exposición a radiaciones, fue lo que le conduciría posteriormente a la muerte por cáncer.

Su nombre estará asociado para siempre con la Foto 51, en la cual se podía ver una X, foto que permitió ver por primera vez la forma helicoidal del ADN. Este importantísimo descubrimiento abriría en el s. XX la puerta a las investigaciones genéticas, la biología molecular y el análisis de la estructura completa del ADN. 

Foto 51: estructura en X del ADN

Pero, a la vez, las presiones sociales y culturales de mediados del s. XX o las envidias profesionales estarán también unidas a su nombre: este descubrimiento debería haberle valido el Premio Nobel, y sin embargo, le fue concedido a los tres científicos que usaron su información e investigaciones posteriormente para desarrollar la teoría de la doble hélice del ADN: James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins recibieron este premio, en la categoría de Fisiología y Medicina, unos años después de la muerte de Rosalind. Wilkins conocía el trabajo de Rosalind y la Foto 51, y les dio la información a los otros dos científicos (que no la mencionaron en el discurso de entrega del premio), posiblemente sin que la mujer lo supiera o sin su permiso. Los cuatro estaban trabajando a la vez sobre el ADN, y Wilkins, en particular, tuvo una relación muy negativa con Rosalind, seguramente por cuestión de su sexo y origen judío.

  • Un interesante artículo, muy completo, sobre el problema de estos cuatro científicos y la persecución  a Rosalind, aquí. 
  • Más sobre Rosalind Franklin, aquí y aquí.

Los legionarios romanos y sus contubernios.

Explica la R.A.E:

contubernio.
(Del lat. contubernĭum).
1. m. Habitación con otra persona.
2. m. Cohabitación ilícita.
3. m. Alianza o liga vituperable.

En castellano, esta palabra tiene generalmente un sentido negativo o peyorativo, pero no fue así en el mundo romano, donde el matrimonio entre dos esclavos, con consentimiento de su amo, era denominado así (aunque no hay que olvidar que los esclavos no podían realizar un matrimonio legal, es decir, con derecho a testar y dejar herencia a sus descendientes). Los hijos de la pareja heredaban la situación de esclavitud y eran propiedad del amo de la esclava. 


Pero el contubernio era también la agrupación de seis u ocho legionarios que compartían tienda en el campamento de la legión, siendo liderados por uno de ellos -seguramente, el veterano de ellos o el más experiementado- y tenían asignados dos sirvientes para cuidar la mula que llevaba el equipo de los soldados y la provisión de agua a lo largo de la marcha. El contubernio era así una "familia" de soldados, unidos por fuertes lazos de amistad y camaradería: uno de los objetivos principales de la legión era la ruptura sentimental entre los legionarios y su familia (de hecho, no podían tener matrimonios legales, aunque sí sabemos que muchos de ellos mantenían relaciones más o menos estables con mujeres de las zonas cercanas al campamento), de manera que sus apoyos psicológicos estuvieran sólo entre el resto de los soldados, para fortalecer el sentimiento de unidad.
  • Más sobre la organización  de la legión romana, aquí, aquí y aquí.
  • Vocabulario militar romano, aquí.

Munch, El grito y Whatsapp.


No sé si los creadores de Whatsapp conocerían al noruego Edvard Munch (Loten, 1873- Ekely, 1944), pero por la red he ido encontrando estos días comentarios sobre el parecido entre uno de los iconos de la aplicación y su famoso cuadro El grito. No deberíamos extrañarnos, ya que se calcula que hay más de cien versiones de esta obra y cuatro posibles originales -todos ellos en Noruega, uno de colección particular.

Munch tuvo una infancia complicada, muy marcada por la muerte temprana de su madre y de su hermana, que quizá fue el detonante para desarrollar su visión negativa sobre las mujeres; unido a la obsesión religiosa de su padre, el joven quedó marcado por una personalidad negativa, enfermiza y algo paranoica, que se abrió paso en sus obras. De hecho, podemos considerar a Munch como uno de los inspiradores del Expresionismo, en la línea de otros pintores del s. XIX que también plasmaron en sus obras un estilo único y muy particular, como Gauguin, al cual conoció -y admiró- en París.

Edvard Munch reduce las formas a su mínima expresión, usa los colores de manera simbólico y deja que su personalidad asome en sus obras. Por eso El grito es la plasticidad de una experiencia personal que vivió paseando cerca de Oslo en 1892 y que relata de forma vívida, pues oyó cómo la Naturaleza era atravesada por un chillido; él indica que estaba enfermo y cansado -su madre había muerto hacía muy poco-, pero que pudo percibir con nitidez cómo los colores y las nubes gritaban a su alrededor. En el reverso del cuadro el autor escribió después:
 Sólo un loco pudo haberlo pintado.

 La escena, así, es siniestra: una figura andrógina y deformada, en primer plano, grita desde lo más hondo de su ser, mientras que las nubes y los colores se retuercen al unísono de manera agitada y brusca. Dos personas al fondo siguen paseando, sin percatarse de lo que está ocurriendo... Posiblemente el contexto histórico influyó en Munch también, pues en paralelo muchos artistas estaban representando la deshumanización que estaba suponiendo el desarrollo de las ciudades industrializadas de Europa, y la presencia de una momia incaica en la Exposición Universal de París (1889) había causado una honda impresión en el pintor.

La obra de Munch, que fue dada a conocer inicialmente en Alemania, fue duramente criticada por los sectores especializados -se llegó a aconsejar a mujeres embarazadas que no la vieran, por la impresión que podía producir-, pero no así por el público general, que convirtió sobre todo este cuadro en un icono cultural a partir de la Segunda Guerra Mundial, como expresión del horror que el mundo había conocido. La revista Time llegó a usarla en su portada del 21 de marzo1961, en un número dedicado a los sentimientos de culpa y la angustia. Y este cuadro ha obsesionado tanto que ha sido robado dos veces: la primera vez los ladrones dejaron una nota de agradecimiento por la falta de seguridad del museo, la segunda vez resultó dañado.

  • El original más conocido se encuentra en la Galería Nacional de Oslo, aquí.
  • También podemos encontrar algunas obras de Munch en España, en el Museo Thyssen- Bornemisza, aquí.