Eco a la nostalgia: El tango de la Guardia Vieja.

Me lo regalaron el pasado mes de abril: mi grupo de amigos más íntimo me preguntó qué regalo quería con motivo de mi cumpleaños, y no lo dudé...

Esta es la historia de un amor melancólico, un canto a la nostalgia entre Max, un atractivo bailarín profesional y ladrón vacacional, y Mecha, una mujer de la alta sociedad, que explora, junto con su primer marido y su amante, oscuros pozos de deseo... Pero es también la historia de Buenos Aires en los años 20, primero, y de la época de entreguerras en Niza, después, enmarcado todo, suavemente, casi como insinuado, por la Guerra Civil española, que roza a Max sin él quererlo, ya casi en sus últimos años de vida. Y además, es una breve aventura de espías republicanos y nacionalistas que se sirven de las dotes folletinescas del bailarín para robar unos documentos secretos que podrían implicar al gobierno de Burgos, o favorecer al de la Francia de la Segunda Guerra Mundial...


La historia comienza en un crucero que llega a Buenos Aires, donde Max conoce a Mecha y a su marido, que está trabajando en un nuevo tango que le permitirá ganar una apuesta realizada en España; los suburbios bonaerenses de los años 20 son el marco de creación  de esta pieza. El segundo escenario es la Niza de los años 40: un asunto de espionaje que nos enlaza con el tercer momento, explicado en paralelo, en la ciudad napolitana de Sorrento, en los años 60. Max se reencontrará aquí con la mujer que fue su amante, y que le implicará en otro turbio problema de espías, en el marco de un torneo de ajedrez -un guiño, tal vez, a La tabla de Flandes, también de Pérez- Reverte.

El tango de la Guardia Vieja, última novela de Arturo Pérez- Reverte, es, en palabras del autor, una obra de madurez iniciada hace ya casi veinte años, pero que no podía terminar hasta ahora, más reflexivo y experimentado. Declaraciones aparte, tengo tendencia a leer sus libros y artículos; me gusta su prosa rápida y directa, sus comentarios irónicos, de fuerte acidez y sus opiniones radicales, y por eso sabía que leer su última obra sería apostar sobre seguro..., aunque la velocidad de la trama, a mi gusto, se ralentiza hacia la mitad del libro. Aún así, es una novela documentada -afirmado por el propio autor en el capítulo de agradecimientos: abrir una caja de caudales, conocer las ciudades de sus personajes, los pasos de sus bailes...-, que debe ser leída en blanco y negro, con cigarro emboquillado y exhalando lento el humo entre dos dedos largos y de uñas cuidadas. 

Hay algo de folletín en el libro, su justo punto de canalla, lentitud extrema en las partes dedicadas a la partida de ajedrez y la buena opción de contar en paralelo la plenitud y lujo vividos por Max Costa en Niza y la decadencia y melancolía de Sorrento. Un Pérez- Reverte maduro, a sus 61 años, que abandona a Alatriste y el Cádiz de 1808 (El asedio) para invitarnos a pasear por un eco nostálgico del periodo de entreguerras... Y a mí, cómo queréis que lo niegue, me gusta esto...